5 medidas que conviene incorporar cuándo el aire está contaminado, según los expertos

Las jornadas con altos niveles de polución y partículas exigen decisiones concretas dentro y fuera del hogar, con especial atención en menores, adultos mayores y pacientes con enfermedades previas

Por Bautista Salaverri

La contaminación del aire puede aumentar por múltiples causas, entre ellas el humo de los incendios forestales, las emisiones del tránsito, la actividad industrial, la quema de leña o basura y otras partículas en suspensión que quedan en el ambiente. Cuando esos agentes se concentran, la calidad se deteriora y respirar deja de ser un acto neutro para convertirse en un factor de riesgo para la salud.

Ese impacto puede sentirse en poco tiempo. La exposición puede irritar los ojos y las vías respiratorias, provocar tos, congestión, sibilancias, opresión en el pecho y dificultad para respirar. También puede agravar cuadros previos, sobre todo en personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica o afecciones cardíacas. De acuerdo con la Ohio State University, el índice de calidad permite identificar cuándo esa exposición empieza a representar un peligro para grupos sensibles y, en niveles más altos, para toda la población.

La advertencia se repite en las fuentes médicas y de salud pública consultadas. La Asociación Americana del Pulmón y Harvard coinciden en que no solo altera la rutina diaria, sino que también puede afectar el sistema respiratorio y cardiovascular. Por eso, seguir los reportes oficiales y reducir la exposición aparece como una medida central cuando el aire exterior entra en niveles perjudiciales.

El primer paso consiste en revisar los reportes oficiales sobre el índice de calidad del aire. Según publicó Ohio State University, este indicador analiza contaminantes como las partículas en suspensión y el ozono, y ayuda a definir si representa un peligro para la salud. De acuerdo con Johns Hopkins Medicine, este dato suele expresarse con números y colores que van desde condiciones buenas hasta niveles peligrosos. Esa clasificación ofrece una referencia práctica para decidir si conviene suspender actividades al aire libre, modificar traslados o permanecer en interiores.

Una de las medidas más importantes es bajar la exposición exterior cuando el aire se vuelve insalubre. Según indicó Ohio State University, el esfuerzo físico aumenta la cantidad de aire inhalado y, con eso, también sube la cantidad de contaminantes que ingresan al organismo. Por ese motivo, correr, caminar a paso intenso o hacer ejercicio al aire libre puede elevar la exposición en jornadas críticas.

La Asociación Americana del Pulmón recomendó evitar el ejercicio en exteriores cuando la contaminación es alta y trasladar la actividad física a espacios cerrados. La entidad también advirtió que, incluso con pronósticos aceptables, conviene evitar zonas de tráfico intenso, porque la cercanía con los vehículos puede elevar la concentración de contaminantes.

Otra indicación reiterada consiste en permanecer puertas adentro el mayor tiempo posible. Según publicó Johns Hopkins Medicine, cerrar ventanas y usar la función de recirculación del aire acondicionado o la calefacción ayuda a reducir el ingreso de partículas y humo desde el exterior.

De acuerdo con University of Chicago Medicine, en días de alerta conviene sellar ventanas y priorizar ambientes interiores. La institución agregó que esa medida resulta especialmente importante para personas con asma y otros problemas de salud que pueden agravarse con exposiciones breves.

La calidad del aire interior también importa. Según aconseja Ohio State University, revisar los filtros del hogar y cambiarlos con regularidad permite capturar partículas de manera más eficaz. Harvard señaló además que los purificadores de aire pueden mejorar el ambiente, aunque no eliminan todos los contaminantes.

Johns Hopkins Medicine añadió que, en escenarios de humo por incendios forestales, se recomienda usar un filtro de aire y ajustar el sistema de climatización para que recircule el aire interior en lugar de tomarlo desde el exterior.

Si no es posible evitar la salida al exterior, varias fuentes recomiendan el uso de una mascarilla quirúrgica (N95) bien ajustada. Según la Universidad de Ohio, ese tipo de protección puede limitar la cantidad de partículas que llegan a los pulmones. Asimismo, aclararon que las bufandas, pañuelos y otras coberturas simples no resultan eficaces para filtrar las partículas más pequeñas.

Este fenómeno puede afectar a cualquier persona, aunque los efectos no son iguales en todos los casos. Según Johns Hopkins Medicine, los contaminantes más comunes que causan problemas de salud son el ozono y la contaminación por partículas. El ozono a nivel del suelo forma parte del smog, mientras que las partículas pueden provenir del tránsito, la actividad industrial, tormentas de polvo, chimeneas o incendios forestales.

Entre los síntomas de exposición de corto plazo, University of Chicago Medicine enumeró congestión, irritación ocular, tos y dificultad para respirar. Johns Hopkins Medicine agregó sibilancias, opresión en el pecho, irritación de garganta y una disminución de la función pulmonar que puede sentirse como falta de aire. En personas con asma, la contaminación también puede desencadenar crisis más frecuentes o más severas.

Sin embargo, hay riesgos que van más allá del sistema respiratorio. La casa de estudios de Chicago indicó que la exposición a altos niveles de partículas puede alterar el sistema cardiovascular y aumentar el riesgo de infartos y accidentes cerebrovasculares. Harvard señaló el aumento de partículas finas con más hospitalizaciones por cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, diabetes, neumonía y exacerbaciones de enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/