Un estudio global suma una clave sobre los factores de riesgo asociados al cáncer de mama

La investigación estimó que más de una cuarta parte de la carga global de la enfermedad se vincula con seis factores potencialmente modificables

Por Santiago Abraldes

El cáncer de mama podría seguir aumentando en el mundo si se mantienen las tendencias actuales. En ese contexto, un nuevo análisis internacional aportó un dato que refuerza la discusión sobre la prevención: más de una cuarta parte de la carga global de esta enfermedad se asocia con factores de riesgo potencialmente modificables.

Ese hallazgo desplaza parte del foco hacia una pregunta concreta de salud pública: cuánto del impacto total de este tumor podría reducirse con estrategias orientadas a hábitos, condiciones metabólicas y exposiciones cotidianas.

Durante años, la conversación sobre detección temprana y antecedentes familiares quedó concentrada sobre todo en esos dos ejes. Si bien siguen siendo centrales, no alcanzan para describir todo el problema ni para ordenar qué puede decir hoy la evidencia sobre prevención.

En ese marco, un estudio publicado en la revista The Lancet Oncology, calculó 2,3 millones de casos nuevos, 764.000 muertes y 24,1 millones de años de vida ajustados por discapacidad por cáncer de mama en 2023.

Según se detalla en el trabajo, esa medida refleja el peso sanitario total de la enfermedad y no solo la cantidad de diagnósticos. Dentro de esa carga, 6,8 millones de años de vida saludable perdidos se asociaron a seis factores potencialmente modificables: alcohol, tabaquismo, glucosa elevada en sangre, índice de masa corporal alto, baja actividad física y carne roja.

El consumo elevado de carne roja explicó la mayor proporción dentro de ese grupo, con cerca del 11% de la carga total, seguido por el tabaquismo, con 8%, la glucosa alta en sangre, con 6%, el índice de masa corporal elevado, con 4%, y el alto consumo de alcohol junto con la baja actividad física, ambos con 2%.

En Women’s Health UK, Christine Lai, cirujana y especialista en salud mamaria, retomó esa misma discusión y señaló también al consumo de alcohol como un punto de atención.

Además mencionó las partes quemadas de la comida, que pueden formar compuestos químicos vinculados con un mayor riesgo de cáncer, y la alteración prolongada del ritmo circadiano, el sistema que organiza los ciclos de sueño y vigilia, como una exposición que merece cautela al pensar el riesgo.

La investigación no plantea que todos esos casos puedan evitarse ni que un solo hábito determine por sí mismo la aparición de la enfermedad. Lo que muestra es una asociación a nivel poblacional entre ciertos factores y una parte relevante del daño total causado por el cáncer de mama.

En el caso de las referencias sumadas por Lai, la publicación no las presentó como causas lineales o definitivas de cáncer de mama, sino como temas a considerar con prudencia dentro de una conversación más amplia sobre prevención.

Lai también se refirió a los tintes para el cabello. Según la nota, la evidencia sobre su relación con cáncer de mama es mixta y los productos temporales o semipermanentes muestran señales bajas o nulas, por lo que este punto quedó planteado como una exposición no confirmada por la evidencia disponible.

Otro caso es el del bisfenol A, conocido como BPA, una sustancia presente en algunos plásticos. De acuerdo con esa publicación, la especialista lo describió como un disruptor hormonal, aunque aclaró que la evidencia en humanos sobre cáncer de mama no está cerrada.

Estos ejemplos suelen circular como certezas cuando en realidad permanecen en una zona de duda. La diferencia entre una sospecha en estudio y un factor confirmado resulta central para no sobredimensionar riesgos ni convertir la prevención en una lista de prohibiciones.

Entre los temas que repasó, Lai incluyó la creencia de que el cáncer de mama se inicia en los ganglios linfáticos. Según explicó, la enfermedad comienza en la mama y luego puede extenderse a esos tejidos, de modo que esa idea corresponde a un error frecuente.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/