Científicos argentinos revelaron cómo era la dieta de los primeros habitantes de América

Un equipo de especialistas del CONICET y de universidades nacionales reunió datos de 50 sitios arqueológicos desde Alaska hasta la Patagonia y aportó evidencia sobre la alimentación de los grupos humanos que poblaron el continente

El proceso mediante el cual los primeros seres humanos se establecieron en América involucra múltiples interrogantes: ¿quiénes fueron esos pioneros, cómo lograron sobrevivir y qué recursos utilizaron para adaptarse a los nuevos paisajes?

Entre los aspectos fundamentales se encuentra la alimentación, cuyo análisis permite entender la forma de vida de estos grupos y su relación con el ambiente y las especies animales que habitaban el continente.

Una investigación, publicada en la revista Science Advances, reunió información de 50 sitios arqueológicos desde Alaska hasta la Patagonia y aporta evidencia contundente a favor de un modelo específico: durante su expansión, los primeros pobladores de América habrían basado su dieta principalmente en grandes mamíferos herbívoros. Participaron expertos del CONICET, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN).

El hallazgo desafía la idea tradicional de que se trataba de grupos generalistas que aprovechaban cualquier recurso disponible y permite comprender mejor cómo se produjo el poblamiento inicial del continente.

El estudio indica que los grupos humanos tempranos obtenían la mayor parte de su alimento de animales de gran tamaño. Los tres conjuntos regionales analizados, que corresponden a Beringia (la región que conectaba Asia y América del Norte durante las glaciaciones), América del Norte y América del Sur, obtuvieron la mayor parte de su comida de megaherbívoros de más de 1.000 kilos.

Identificaron cuáles eran esas presas principales en cada región: mamut lanudo en Beringia, mamut de Columbia en América del Norte y perezosos terrestres gigantes junto con gonfoterios en América del Sur.

Por ende, no aparece una dieta repartida en partes similares entre especies pequeñas, medianas y grandes, sino una preferencia marcada por animales de enorme porte.

Los grandes herbívoros concentraban entre el 83% y el 90% del aporte energético potencial dentro de la dieta estimada. En ese marco, Luciano Prates, investigador del CONICET en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), afirmó que “para los grupos humanos del final del Pleistoceno, estos grandes animales no fueron un recurso marginal, sino el pilar de su dieta y de su estrategia de subsistencia”.

La megafauna representa más del 99,9% de la biomasa comestible estimada en Beringia oriental y América del Norte, y 99,8% en América del Sur. El mismo trabajo añade que, dentro de esa categoría, los megaherbívoros aportaban 82,9% del suministro disponible en Beringia oriental, 87,9% en América del Norte y 87,5% en América del Sur.

Para Prates, “el impacto de la megafauna en la dieta de las poblaciones humanas del pasado es, por mucho, lo más significativo”.

El estudio también plantea una relación entre esa especialización y el avance humano sobre el continente. El artículo sostiene que el enfoque en esos animales “facilitó la rápida expansión humana hacia diferentes ecosistemas antes de que la extinción progresiva de la megafauna condujera a la diversificación regional mediante adaptaciones a los recursos disponibles localmente”.

Esto quiere decir que los humanos pudieron expandirse rápidamente a distintos ambientes porque dependían principalmente de la caza de grandes animales, y solo cuando estos comenzaron a extinguirse, tuvieron que adaptarse y aprovechar los recursos específicos que ofrecía cada región.

El trabajo reunió evidencia de 50 sitios arqueológicos: 8 conjuntos en Beringia oriental, 25 en América del Norte y 17 en América del Sur. El equipo incluyó especialistas del CONICET, de la UNLP y de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNICEN).

Uno de los aportes centrales del estudio aparece en la forma de evaluar la dieta. Iván Pérez, autor del trabajo e investigador del CONICET, explicó que contar individuos por especie puede generar una comparación engañosa, porque “pone en pie de igualdad a un mastodonte o un megaterio con una mulita o un tucu-tucu”.

A partir de esa objeción, el equipo aplicó una estimación basada en biomasa comestible y energía. En palabras de Pérez, la pregunta fue cuántos tucu-tucu harían falta para igualar la energía que aporta un megaterio.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/