Reprimir un estornudo: cuáles son los riesgos y las lesiones que puede provocar

La acumulación inesperada de presión puede afectar órganos como el oído, la garganta o el tórax, con consecuencias que van desde molestias leves hasta complicaciones poco frecuentes

Por Santiago Abraldes

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Muchas personas intentan contener el impulso de estornudar, ya sea por cortesía o para evitar interrumpir una conversación. Sin embargo, esa acción modifica de forma inmediata el funcionamiento normal del organismo.

La Dra. Qin Liu, investigadora en fisiología y neurociencia de la Washington University in St. Louis, explica que este reflejo actúa como un mecanismo de presión diseñado para expulsar aire de manera repentina y eliminar irritantes de las vías respiratorias.

Al impedir que la presión salga, esta se redirige hacia estructuras internas, como los senos paranasales y el oído medio, que no están preparadas para absorberla.

Según Liu, este mecanismo de defensa, si se bloquea, puede provocar que la energía acumulada cause molestias o lesiones en los tejidos internos. La presión, que normalmente sería expulsada al exterior, busca rutas alternativas dentro del cuerpo, lo que causa daños si supera la resistencia de esas estructuras.

Cuando se bloquea la salida natural del aire durante un estornudo, el cuerpo puede verse sometido a una serie de riesgos que van más allá de la simple molestia. La Dra. Qin Liu advierte que la presión acumulada puede viajar a través de las vías respiratorias superiores y alcanzar estructuras vulnerables.

Uno de los riesgos más frecuentes es la ruptura del tímpano, que ocurre cuando la presión forzada impacta directamente sobre el oído medio. Esto puede causar dolor agudo, pérdida temporal de la audición y en ocasiones requerir intervención médica para reparar el daño.

El barotrauma del oído medio, caracterizado por dolor, sensación de taponamiento y, en algunos casos, sangrado, es otro de los efectos secundarios más habituales.

En el trayecto hacia la garganta, la presión puede desgarrar la mucosa faríngea, generando dolor intenso y dificultad para tragar. Aunque es poco común, este tipo de lesión puede dejar al descubierto tejidos internos y favorecer infecciones.

En situaciones graves, el aire puede infiltrarse en los tejidos blandos del cuello, creando enfisema subcutáneo. Este fenómeno provoca una hinchazón visible y una sensación crujiente al tacto debido a la presencia de aire bajo la piel.

Si el aire alcanza el mediastino, la cavidad situada entre los pulmones, puede presentarse neumomediastino, que se manifiesta como dolor torácico, dificultad respiratoria y, en casos extremos, complicaciones cardíacas o pulmonares. Estos episodios son raros, pero han sido documentados en la literatura médica y requieren atención hospitalaria inmediata.

La Dra. Liu subraya que, aunque la mayoría de las personas no experimenta complicaciones graves por contener un estornudo de manera ocasional, conocer estos riesgos ayuda a entender por qué es preferible no forzar la retención de este reflejo.

El estornudo es el resultado de un proceso coordinado entre el sistema nervioso y los músculos respiratorios. Todo comienza cuando receptores sensoriales en la mucosa nasal detectan la presencia de partículas irritantes o agentes patógenos. Esta señal se transmite rápidamente al bulbo raquídeo, donde se activa una respuesta refleja.

La fase inicial implica una inspiración profunda, seguida de una contracción simultánea del diafragma, los músculos intercostales y los músculos abdominales. Esta suma de fuerzas crea una presión intratorácica. De manera casi instantánea, la glotis se cierra momentáneamente, acumulando aún más presión, y luego se abre de golpe, permitiendo la expulsión abrupta del aire a gran velocidad por la nariz y la boca.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/