¿Un miligramo de emoción? Por qué un hallazgo en abejorros podría cambiar la neurociencia
Un nuevo estudio con 18 colonias reveló que estos insectos pueden anticipar, valorar y reaccionar ante experiencias de forma subjetiva, un hallazgo que reabre el debate sobre la frontera entre conducta instintiva y vida mental
Por Santiago Abraldes
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Un artículo de la revista National Geographic revela que el mundo interior ya no puede considerarse solo patrimonio de humanos y mamíferos. A partir de un nuevo estudio, se plantea que los abejorros también podrían poseer experiencias subjetivas y recuerdos personales.
El trabajo sostiene que los abejorros, cuyo cerebro pesa apenas un miligramo, pueden anticipar y valorar experiencias, y tener reacciones emocionales ante distintos estímulos, lo que cuestiona la visión tradicional sobre la vida mental de los insectos y la complejidad de su comportamiento.
“Las expresiones faciales son una ventana a nuestras emociones y estados internos”, señala el profesor Andrew Barron, neuroetólogo de la Universidad Macquarie en Sídney, quien lideró el trabajo con Fei Peng y Cwyn Solvi. Así, se abre el debate científico sobre la existencia de apetencias y anhelos en especies alejadas de los mamíferos.
En la observación de los abejorros, los investigadores identificaron comportamientos que reflejan preferencias y rechazos similares a las emociones humanas. Por ejemplo, estos insectos agitan la cabeza o se lavan la boca cuando un alimento no les resulta agradable y, al contrario, realizan lo equivalente a lamerse los labios si el sabor es de su agrado. Este tipo de respuesta implica la existencia de un proceso interno de valoración.
Barron afirmó: “Pero siempre ha habido debate acerca de si los insectos son animales realmente pensantes o actúan como una especie de minirobots”. Estas manifestaciones sugieren que los abejorros no solo responden a estímulos, sino que son capaces de experimentar lo que podría considerarse una emoción elemental.
En palabras de Fei Peng: “A mucha gente le resulta fácil afirmar que los insectos pueden percibir, aprender y tomar decisiones, pero les cuesta mucho más admitir que puedan valorar las cosas como agradables o desagradables. Nuestros hallazgos refuerzan esa idea”.
Los resultados del estudio han reavivado la discusión acerca de si los insectos realmente piensan y sienten, o si simplemente responden a los estímulos de su entorno. El interrogante central es si poseen un mundo interior con deseos o emociones que trascienden la mera reacción instintiva.
Esta cuestión ha sido motivo de debate dentro de la ciencia, tal como lo expresa Barron: “Pero siempre ha habido debate acerca de si los insectos son animales realmente pensantes o actúan como una especie de minirobots”.
El enfoque de este nuevo trabajo desafía la visión tradicional de los insectos como máquinas biológicas de respuestas automáticas. Al demostrar que los abejorros pueden elegir y mostrar preferencias ante diversos estímulos, el estudio obliga a reconsiderar la frontera entre la mente y la conducta instintiva en los insectos, abriendo un campo de reflexión sobre su vida mental y emocional.
El estudio, liderado por Fei Peng y Cwyn Solvi, se centró en 18 colonias de abejorros (Bombus terrestris), a las que se les ofrecieron líquidos dulces, amargos y salados para analizar sus reacciones.
Los investigadores observaron comportamientos diferenciados ante cada estímulo, algunos de los cuales podrían calificarse como emocionales. En una de las pruebas, los abejorros mostraron la protrusión de la lengua después de ingerir ciertos líquidos, un gesto comparable a lamerse los labios en humanos.
“Este experimento es un paso más que muestra que los abejorros sí que cuentan con ese mundo interior”, afirma Barron en el artículo. Estas respuestas evidencian no solo la capacidad de aprendizaje y toma de decisiones, sino también la valoración subjetiva de las experiencias, según las conclusiones de los autores del estudio.
El cerebro del abejorro, que apenas pesa un miligramo —un millón de veces menos que el cerebro humano—, es capaz de generar comportamientos complejos.


