Cómo el cáncer de pulmón podría usar el sistema nervioso y debilitar el cuerpo
Un estudio publicado en Science analizó un síndrome vinculado que provoca pérdida de músculo y grasa en pacientes con enfermedades crónicas. Los resultados, obtenidos en modelos animales, abren nuevas preguntas sobre el deterioro físico asociado a ciertos tumores
Por Constanza Almirón
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El cáncer de pulmón es una de las enfermedades oncológicas de mayor impacto global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 fue la principal causa de muerte por cáncer en el mundo, con cerca de 2,5 millones de nuevos casos y 1,8 millones de fallecimientos.
Pero el daño que provoca no depende solo del crecimiento del tumor. En muchos pacientes, el cáncer también altera el metabolismo, el apetito, la fuerza muscular y la capacidad del cuerpo para sostener sus reservas. Una de las expresiones más graves de ese deterioro es la caquexia, un síndrome que causa pérdida involuntaria de músculo y grasa.
En ese marco, un estudio publicado en Science y difundido por el Instituto Salk planteó que el cáncer de pulmón puede agravar la caquexia a través del sistema nervioso.
En particular, ciertos tumores pulmonares parecen comunicarse con el cerebro mediante neuronas sensoriales del propio pulmón. Esa “línea directa” —una red de nervios que normalmente sirve para enviar señales sobre lo que ocurre en las vías respiratorias— contribuiría a empeorar el cuadro. En modelos de ratón, interrumpir esa vía nerviosa o bloquear la producción de prostaglandina E2 redujo o evitó el cuadro, de acuerdo con el Instituto Salk.
La caquexia se asocia a enfermedades crónicas y puede afectar la calidad de vida y la tolerancia a tratamientos. Según la Clínica Cleveland, citada por el Instituto Salk, una cuarta parte de las muertes por cáncer puede atribuirse a esta condición.
El estudio fue encabezado por Thales Papagiannakopoulos, próximo profesor del Instituto Salk, y se realizó en la Escuela de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York (NYU). “Estos tumores de cáncer de pulmón están esencialmente controlando el comportamiento humano al aprovechar el sistema nervioso y tomar control de las neuronas sensoriales locales del pulmón”, afirmó en un comunicado del instituto.
Papagiannakopoulos agregó que el rol del sistema nervioso periférico (los nervios fuera del cerebro y la médula espinal) en la caquexia por cáncer es completamente nuevo. También señaló al medio que este hallazgo podría abrir oportunidades terapéuticas para mejorar la atención oncológica.
Una forma simple de verlo es la siguiente: así como un sensor de humo detecta un problema y activa una alarma central, las neuronas sensoriales del pulmón perciben estímulos y envían “avisos” al cerebro. La hipótesis del trabajo es que algunos tumores estarían usando ese sistema de comunicación para disparar respuestas que terminan favoreciendo el desgaste del cuerpo.
Según un estudio alemán de 2015 citado por la fuente, la caquexia afecta a cerca de la mitad de los pacientes con cáncer. Además, también puede acompañar otras enfermedades crónicas —como el alzheimer o problemas cardiovasculares— y afecta a unos 9 millones de personas en el mundo.
Durante mucho tiempo, estos síntomas se atribuyeron a efectos neurológicos derivados de factores inmunitarios circulantes vinculados con enfermedades crónicas. Según el Instituto Salk, esa explicación estuvo condicionada por la falta de modelos de laboratorio que permitieran entender con mayor precisión los mecanismos de la caquexia.
En muchos estudios previos, los tumores se ubicaban en lugares poco adecuados o alcanzaban tamaños difíciles de comparar con lo que ocurre en humanos. Por eso, el equipo desarrolló modelos murinos de cáncer de pulmón con tumores colocados en el sitio apropiado y con un tamaño más razonable.
Michael Cross, investigador de posgrado en el laboratorio de Papagiannakopoulos en NYU, dijo al Instituto Salk que un modelo “más fisiológicamente relevante” permite hallazgos más específicos. Contó que así detectaron que un subtipo de tumor pulmonar promovía la caquexia con más fuerza que otros y que, además, ese subtipo se comunicaba de manera local con el sistema nervioso periférico.
Con esos modelos, los científicos compararon varios subtipos de cáncer de pulmón y observaron que uno de ellos impulsaba la caquexia, mientras los otros no. Los ratones afectados comían menos. Sin embargo, cuando el equipo aumentó las calorías y la grasa de su alimento para intentar que recuperaran peso, el problema empeoró.


