Cerebro, corazón y músculos, los sorprendentes beneficios del ciclismo según una experta

Este ejercicio impulsa la salud integral, potencia la mente y favorece el funcionamiento de órganos clave, según detalla la especialista

Por Santiago Abraldes

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Montar en bicicleta activa procesos complejos en el cerebro y el sistema nervioso. Según detalla Aurora Casanova, especialista en comunicación y deporte con formación en nutrición, en Sport Life, el cerebro utiliza la información del oído interno y los ojos para mantener el equilibrio, percibir la velocidad y adaptar los movimientos al terreno. Esta coordinación es fundamental para responder a las variaciones del camino, como curvas, pendientes o cambios en la superficie.

Durante esfuerzos intensos, la acumulación de ácido láctico provoca que el cerebro reduzca la señal a los músculos. Cuando esto ocurre, se experimenta una pérdida de fuerza en la pedalada y la necesidad de bajar el ritmo para recuperarse. Además, el ciclismo de montaña, por su entorno cambiante, estimula la psicomotricidad y desarrolla habilidades gracias a la continua adaptación a los estímulos del ambiente.

El uso del casco es esencial no solo por la seguridad ante caídas, sino porque ayuda a mantener la cabeza fresca, incluso con temperaturas altas. La protección y el bienestar cerebral, según la profesional, son claves para disfrutar del ciclismo y aprovechar todos sus beneficios sobre el sistema nervioso.

El corazón funciona como una bomba que distribuye oxígeno y nutrientes a los músculos, eliminando productos de desecho. Pedalear relajadamente permite al corazón bombear un gran volumen de sangre por latido, pero a medida que sube la intensidad, el ritmo cardíaco aumenta y el ventrículo izquierdo no consigue llenarse completamente, limitando el volumen de sangre expulsado. Solo con entrenamiento, el corazón aprende a manejar altas pulsaciones y a adaptarse a las exigencias del ciclismo.

Para quienes inician, se recomienda comenzar con sesiones largas y suaves en terreno llano, aumentando la intensidad de forma progresiva tras siete u ocho salidas. Cuando los músculos ya no mantienen la velocidad y la percepción del esfuerzo es elevada, es momento de recuperar con pedaleo suave, igualando el tiempo de esfuerzo intenso con el de recuperación.

En cuanto a los pulmones, su función principal es suministrar oxígeno a los músculos y eliminar dióxido de carbono. Al iniciar la actividad, la respiración se acelera y puede percibirse dificultad para que “entre el aire”, un proceso que suele resolverse en unos minutos.

Si el ritmo de respiración no se sostiene con la exigencia, el diafragma requiere más entrenamiento. Ejercicios de llenado máximo pulmonar, con retención y exhalación lenta, realizados diariamente, ayudan a mejorar la capacidad y potencia pulmonar.

Los riñones cumplen una función depuradora que se adapta a la intensidad del ejercicio. A los pocos minutos de comenzar la actividad, suele aparecer la necesidad de orinar por la vasodilatación de los capilares, que facilita la llegada de sangre a los órganos. Pero durante esfuerzos intensos, se produce el efecto contrario: vasoconstricción en la zona renal para evitar la deshidratación.

Mantener una buena hidratación es fundamental para cuidar los riñones y optimizar el rendimiento. Se recomienda beber al menos un litro de agua una hora antes de salir y tomar un trago generoso cada quince minutos durante la actividad. En épocas de frío, el cuerpo puede tardar en generar sensación de sed, así que es importante beber aunque no se tenga sed, evitando la deshidratación silenciosa.

El páncreas libera glucagón, que activa enzimas en el hígado para liberar glucógeno al torrente sanguíneo, y produce insulina que permite que el glucógeno entre en las células y se use como fuente de energía. Este proceso es esencial, sobre todo en ciclismo de montaña, donde los cambios de ritmo exigen una rápida adaptación energética. Un calentamiento adecuado le da tiempo al páncreas para ajustar su actividad a las necesidades de los músculos.

El hígado actúa como la fábrica de glucosa, liberando glucógeno almacenado durante el esfuerzo. Cuando el ritmo aumenta y aparece ácido láctico, el hígado lo sintetiza y lo transforma en glucógeno reutilizable, ayudando a equilibrar el pH corporal.

Para cuidar el hígado, es recomendable una carga de carbohidratos complejos en la cena previa a una salida intensa y reducir la intensidad dos días antes de una prueba, evitando comidas muy grasas que sobrecarguen su función.

El intestino distribuye los nutrientes ingeridos, usando algunos como fuente de energía y descartando otros. Una alimentación adecuada es clave para evitar desfallecimientos, especialmente el día previo a la salida, cuando conviene planificar la dieta para tener reservas suficientes y evitar molestias digestivas.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/