Proteínas y bacterias intestinales: identifican biomarcadores en recién nacidos que podrían predecir la obesidad en la adultez

La investigadora Angelica Ahrens explicó a Infobae los alcances de un estudio de 26 años, con más de 16.600 participantes, con el potencial de transformar la forma en que se detecta y previene la obesidad desde las primeras etapas de la vida

Agrega Infobae a tus medios preferidos en Google

La obesidad y el sobrepeso han alcanzado cifras críticas a nivel mundial. Según los últimos datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022 más de 2.500 millones de adultos eran considerados con sobrepeso, de los cuales 890 millones eran obesos. Se estima que el 43% de las personas adultas, es decir, casi una de cada dos, tenían exceso de peso, y el 16% padecían obesidad.

El fenómeno no se limita a los adultos: más de 390 millones de niños y adolescentes de cinco a 19 años tenían sobrepeso en 2022 y 160 millones eran obesos. Estas cifras evidencian una prevalencia que se ha duplicado entre adultos y cuadruplicado entre adolescentes desde 1990. Como si fuera poco, UNICEF advirtió que, en 2025, la prevalencia de obesidad entre niños y adolescentes superó por primera vez al bajo peso y hoy es la forma más común de malnutrición.

En este panorama, la Dra. Angelica Ahrens, investigadora asistente del University of Florida Institute of Food and Agricultural Sciences y coautora del estudio, destacó en diálogo con Infobae un estudio que podría cambiar el paradigma sobre esta realidad: “Sabemos que la obesidad está influenciada por la dieta, el estilo de vida y la historia familiar, pero queríamos hacer una pregunta más difícil: ¿existen señales biológicas desde el nacimiento o la infancia que nos indiquen qué niños son más vulnerables décadas después?”

La experta enfatizó que la magnitud y el entorno actual plantean desafíos para la prevención, al tiempo que abren oportunidades para detectarla y actuar mucho antes de lo que se consideraba posible, ya que la incertidumbre persiste sobre el momento exacto en que empieza a forjarse el riesgo de obesidad en la vida de las personas, y cuán temprano podrían identificarse las señales biológicas que anticipan este desenlace.

Tradicionalmente, la prevención ha estado ligada a cambios de hábitos en la niñez o adolescencia, pero la evidencia reciente apunta a que el riesgo puede comenzar a delinearse desde los primeros meses —incluso antes del nacimiento— y estar determinado tanto por factores familiares, ambientales y sociales, como por señales biológicas intrínsecas y tempranas.

En esta realidad aparece el estudio publicado en la revista mSystems de la Sociedad Estadounidense de Microbiología y del cual Ahrens es coautora. De acuerdo con la investigación realizada a más de 16.600 niños desde el nacimiento hasta la adultez durante 26 años, se identificó una serie de marcadores biológicos y microbianos presentes desde el primer año de vida que señalan una mayor probabilidad de desarrollar obesidad en la adultez.

Según explicaron los investigadores en el comunicado institucional, el trabajo se basó en la cohorte “Todos los bebés del sureste de Suecia” (ABIS), que permitió recolectar muestras sanguíneas al nacer y material fecal alrededor del año de vida. De este modo, fue posible comparar desde el inicio a niños que, décadas más tarde, recibirían un diagnóstico clínico de obesidad con aquellos que mantendrían un peso saludable a lo largo del seguimiento.

El principal hallazgo señala que “los niños que más adelante desarrollaron obesidad ya presentaban diferencias biológicas sutiles en etapas tempranas de la vida, entre ellas cambios en determinadas proteínas sanguíneas y en la composición de las bacterias del sistema digestivo”, indicaron en el comunicado de prensa.

Entre los biomarcadores identificados se destacaron niveles elevados de proteínas como la angiopoyetina-like 4 (ANGPTL4), follistatina y el factor de crecimiento de hepatocitos, así como una reducción de ciertas bacterias intestinales beneficiosas durante el primer año. Estas señales, según indicaron, parecían ser independientes del peso de los padres, “lo que sugiere que el riesgo de obesidad no puede explicarse únicamente por la herencia familiar o por factores relacionados con el estilo de vida”, indicó la especialista.

De acuerdo con UNICEF, en su informe de 2025, la principal causa es el dominio de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas en la dieta cotidiana, desplazando opciones nutritivas y aumentando drásticamente la incidencia de patologías crónicas asociadas.

Al analizar estos datos mediante modelos de aprendizaje automático, los investigadores integraron los biomarcadores biológicos con información clásica, como el peso parental, y mejoraron notablemente la precisión predictiva. “La incorporación de estos marcadores biológicos aumentó la capacidad predictiva y la precisión de nuestros modelos, mucho más allá de lo que se obtiene con datos de cuestionarios y factores ambientales durante la primera etapa de la vida por sí solos”, explicaron en el comunicado.

La doctora Ahrens puntualizó en diálogo con Infobae la profundidad única del seguimiento: “Queríamos entender cuáles son los determinantes más tempranos de la obesidad, mucho antes de que el aumento de peso sea evidente”.

En ese tono, destacó que, tras identificar este aspecto, el siguiente paso es registrar los factores que permiten “una prevención más temprana y más específica. Lo difícil es que esto requiere seguir a los niños durante décadas, con datos clínicos y biológicos repetidos, y hay muy pocas cohortes en el mundo con esa profundidad”.

En el estudio, los científicos analizaron sangre de cordón umbilical y muestras de materia fecal, lo que posibilitó identificar alteraciones en las proteínas sanguíneas y en la composición del microbioma intestinal incluso antes de que la alimentación se diversificara tras el primer año de vida. “Lo que más me sorprendió fue que algunas señales biológicas tempranas seguían siendo muy fuertes incluso después de ajustar por el índice de masa corporal de la madre”, destacó la experta a Infobae.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/