Por Walter Elías Asesor externo del Centro de Identificación Aeroespacial

Cada año, el cielo argentino es escenario de numerosos reportes sobre luces y objetos de origen aparentemente desconocido. Ante estos eventos, el Centro de Identificación Aeroespacial (CIAE) de la Fuerza Aérea Argentina desempeña una labor fundamental: aplicar el rigor científico para transformar el misterio en datos precisos. A través de su informe anual de resolución de casos, el organismo permite asomarnos a la metodología que separa la percepción subjetiva de la realidad física.

El principio de parsimonia como herramienta

En la investigación aeroespacial, el punto de partida no es la especulación, sino un principio lógico conocido como la navaja de Ockham. Esta regla establece que, ante varias explicaciones posibles para un mismo fenómeno, la más sencilla suele ser la correcta.

Bajo esta premisa, el equipo del CIAE no busca de entrada anomalías exóticas. Por el contrario, el proceso de identificación comienza descartando causas convencionales: desde aeronaves comerciales y drones hasta fenómenos astronómicos o biológicos, como el paso de aves o insectos frente a un lente fotográfico.

El desafío de las constelaciones satelitales

Uno de los fenómenos más recurrentes en el último informe del centro es la observación de los satélites Starlink, de la empresa SpaceX. Aunque estos dispositivos son herramientas tecnológicas avanzadas, su tránsito por el cielo nocturno genera una confusión constante en la ciudadanía.

En diversos casos analizados durante el 2025, se ha observado un patrón común: luces que parecen «encenderse y apagarse» o que se desplazan de manera inusual cerca del horizonte. La explicación técnica reside en la geometría de la iluminación solar. Incluso cuando en la superficie terrestre ya ha anochecido, los satélites, debido a su altitud, siguen recibiendo luz solar directa. Al reflejarse esta luz en sus paneles o en su chasis, se producen destellos transitorios que el ojo humano interpreta como objetos pulsantes.

Esta hipótesis ha permitido al organismo identificar con éxito avistamientos en puntos tan distantes como la provincia de Entre Ríos, Neuquén o Tierra del Fuego, donde las simulaciones de software confirmaron el paso de estas constelaciones en el momento exacto del reporte.

Drones y la interpretación de señales luminosas

Otro factor determinante en la casuística actual es el uso de vehículos aéreos no tripulados (drones). El CIAE ha documentado cómo el parpadeo de las luces led de navegación de estos equipos —que suelen combinar colores verdes, rojos y blancos— suele ser reportado como un fenómeno anómalo. El análisis técnico demuestra que, al comparar los patrones de luces observados con los códigos de seguridad de los fabricantes de drones, la supuesta anomalía desaparece para dar lugar a una identificación positiva.

Conclusión: el valor de la identificación

La labor del Centro de Identificación Aeroespacial nos recuerda que la curiosidad debe ir siempre acompañada del método. Identificar una luz como un reflejo satelital o un dron no resta valor a la observación; al contrario, otorga seguridad al espacio aéreo y educa nuestra mirada.

Desde observar.org.ar, celebramos que existan organismos dedicados a la transparencia y al análisis basado en evidencias, permitiendo que el cielo sea, cada vez más, un ámbito de conocimiento y no solo de interrogantes.

*** El contenido de este artículo toma como referencia los datos y conclusiones presentados en el «Informe de resolución de casos 2025» del Centro de Identificación Aeroespacial.