Día Nacional de la Oncología: ocho avances que cambian el tratamiento del cáncer en 2026

La medicina de precisión, la inmunoterapia, los anticuerpos conjugados y los estudios moleculares modifican la estrategia contra tumores frecuentes y raros, con un objetivo que incorpora la calidad de vida a la eficacia clínica

Por Víctor Ingrassia

Cada 7 de noviembre se celebra en Argentina el Día Nacional de la Oncología, en recuerdo de la inauguración, en 1923, del Instituto de Medicina Experimental e Investigación del Cáncer, hoy Instituto de Oncología Ángel H. Roffo.

La fecha, asociada al trabajo pionero del médico Ángel H. Roffo, coincide con una etapa de cambios acelerados en la atención oncológica. Los avances científicos ya no se concentran solo en sumar opciones contra el cáncer: buscan determinar cuál tratamiento requiere cada persona, en qué momento y con qué impacto sobre su vida cotidiana.

El desafío conserva una escala elevada. Los registros poblacionales estiman unos 130.000 nuevos diagnósticos de cáncer por año en Argentina, una media de 15 por hora. Cerca de 70.000 personas mueren cada año a causa de estas enfermedades, que ocupan el segundo puesto entre las causas de mortalidad. Mama, colorrectal y pulmón concentran casi cuatro de cada diez casos nuevos detectados en el país.

A escala global, el aumento de la expectativa de vida, el crecimiento demográfico y la persistencia de factores de riesgo anticipan una presión mayor sobre los sistemas de salud. La Organización Mundial de la Salud proyectó una suba cercana al 65% en la incidencia mundial hacia 2050. En 2024, sin contar los tumores de piel no melanoma, hubo 19,5 millones de casos nuevos y 9,7 millones de muertes por cáncer en el mundo.

El cáncer de pulmón encabezó la incidencia global, seguido por el de mama femenino, el colorrectal, el de próstata y el gástrico. También lideró la mortalidad. Esta diferencia entre frecuencia y letalidad muestra por qué los especialistas insisten en una combinación de prevención, diagnóstico temprano y acceso oportuno a terapias. La innovación puede cambiar pronósticos, aunque no reemplaza medidas básicas como dejar de fumar, reducir la exposición solar excesiva, vacunarse y consultar ante síntomas persistentes.

En Argentina, el Instituto Nacional del Cáncer (INC) coordina las políticas de prevención, pesquisa precoz, tratamiento, rehabilitación, investigación y formación profesional. La detección en etapas iniciales conserva un valor decisivo porque amplía las alternativas de cura y evita intervenciones más intensas. Sin embargo, el beneficio no se distribuye por igual entre todos los tumores ni entre todas las regiones del país.

La gran transformación de la oncología parte de una idea simple, aunque compleja en su aplicación: dos tumores que surgen en el mismo órgano pueden responder de manera muy distinta. La anatomía ya no alcanza para definir una estrategia. Los estudios genómicos, los biomarcadores y el análisis de alteraciones moleculares permiten identificar las señales que impulsan el crecimiento de una célula maligna y seleccionar fármacos dirigidos contra ellas.

Este cambio resulta visible en el cáncer de pulmón. Hoy, en casi el 40 % de los casos, los equipos médicos pueden identificar el mecanismo genético que favorece el desarrollo tumoral. Esa información permite indicar terapias específicas y sostener el control de la enfermedad durante períodos prolongados en pacientes seleccionados. El aumento de casos entre mujeres, asociado al tabaquismo y a factores ambientales, suma urgencia a la prevención y a la investigación.

La pesquisa temprana del cáncer de pulmón todavía enfrenta obstáculos. La tomografía computarizada de tórax de baja dosis puede detectar lesiones antes de que provoquen síntomas en personas con alto riesgo, pero su uso sigue limitado. Una expansión ordenada de esta herramienta permitiría hallar más tumores en fases curables, aunque requiere criterios claros para evitar estudios innecesarios y garantizar el seguimiento de los hallazgos.

Entre las tecnologías que concentran expectativa figuran los anticuerpos conjugados con drogas, aún en evaluación dentro de estudios clínicos internacionales. Estos medicamentos combinan un anticuerpo, que reconoce un blanco presente en la célula cancerosa, con una carga de quimioterapia. El propósito consiste en depositar el fármaco dentro del tumor y reducir la exposición de tejidos sanos.

Estas drogas de avanzada se unen a un receptor en la célula tumoral y llevan pegada la quimioterapia para dejarla directamente en la célula tumoral, a diferencia de la quimio tradicional que no está especialmente dirigida.

La inmunoterapia ocupa otro lugar central. Estos tratamientos buscan quitar los frenos que limitan la respuesta de las defensas del organismo frente al tumor. Su utilidad varía según el tipo de cáncer, el estadio y los marcadores biológicos, pero sus indicaciones crecieron en escenarios previos o posteriores a una cirugía y después de la radioterapia. Las terapias dirigidas y la inmunoterapia mejoraron resultados en grupos definidos de pacientes, con la condición de una selección clínica rigurosa.

La doctora Valeria Cáceres, médica oncóloga y directora del área médica en el Instituto de Oncología Ángel H. Roffo de la Universidad de Buenos Aires (UBA), destacó que hoy es una fecha importante para reflexionar que el cáncer representa uno de los principales desafíos sanitarios a nivel mundial.

“Se diagnostican aproximadamente 20 millones de nuevos cánceres por año y alrededor de 9 millones de muertes. En Argentina tenemos alrededor de 139.000 nuevos diagnósticos anuales. O sea, 380 personas por día. Entonces, hay algo que es muy importante: los tumores se pueden curar, especialmente cuando se detectan en etapas tempranas. Y aun con enfermedad avanzada, cada vez tenemos tratamientos capaces de prolongar la sobrevida y mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes”, sostuvo la experta.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/