Alzheimer antes de los 65 años: por qué avanza más rápido y puede confundirse con depresión

Una investigación mostró que la proteína tau se extiende más aceleradamente en pacientes jóvenes y que además suelen tener síntomas menos asociados a los olvidos

“¿Cuál es una diferencia clave entre la enfermedad de Alzheimer de inicio temprano y la de inicio tardío?: La acumulación rápida de tau”, resumió el reconocido cardiólogo y referente en longevidad el doctor Eric Topol en X, al hacer referencia a un hallazgo sobre la proteína que forma depósitos anormales en la enfermedad en una nueva investigación realizada por científicos del Instituto Karolinska de Suecia y de la Universidad de California en San Francisco, Estados Unidos.

La proteína tau, que juega un papel clave en el desarrollo de la enfermedad, se acumuló más del doble de rápido y de forma más extensa en pacientes jóvenes con Alzheimer que en quienes desarrollaron la enfermedad después de los 65 años, incluso cuando los síntomas eran leves.

El hallazgo refuerza la necesidad de detectar antes los casos de inicio temprano, cuyos cambios cognitivos pueden confundirse con depresión, agotamiento o problemas laborales.

La comparación incluyó a 390 participantes cuyos síntomas comenzaron antes de los 65 años y a 211 pacientes con Alzheimer de inicio tardío. Las tomografías por emisión de positrones para detectar tau mostraron una mayor presencia de depósitos anormales en el primer grupo, mientras que los controles realizados durante dos a tres años confirmaron una progresión más acelerada.

El estudio, publicado en Science Translational Medicine, utilizó imágenes cerebrales que permitieron de identificar la cantidad y la ubicación de los depósitos de tau, una proteína que forma acumulaciones anormales en el Alzheimer.

“Los pacientes jóvenes tenían sustancialmente más tau incluso después de considerar las diferencias en la gravedad clínica. Su tau también se acumulaba más rápido con el tiempo. El diagnóstico tardío por sí solo no explica este patrón”, afirmó el neurólogo Konstantinos Chiotis, profesor asistente del Departamento de Neurobiología, Ciencias de la Atención y Sociedad del Instituto Karolinska, y primer autor del trabajo.

En el Alzheimer de inicio tardío, las primeras señales suelen incluir preguntas repetidas u olvidos de citas. Las personas jóvenes también pueden tener problemas de memoria, pero en ellas pueden predominar las dificultades para planificar, organizar y gestionar tareas que requieren varios pasos.

El deterioro puede manifestarse en problemas para cumplir responsabilidades laborales o familiares y, en algunos casos, en aislamiento social. Estas alteraciones pueden ser interpretadas como depresión o agotamiento, lo que demora la atención especializada.

Alrededor de uno de cada cinco participantes jóvenes presentó síntomas dominados por problemas distintos de la pérdida de memoria, como dificultades para encontrar palabras, leer o interpretar información visual. Por eso, la evaluación debe considerar las capacidades lingüísticas, visuales, espaciales y ejecutivas, además de los cambios respecto de las habilidades previas de cada persona.

Los estudios sobre demencia de inicio temprano han registrado demoras diagnósticas de aproximadamente uno a dos años más que en los pacientes de mayor edad. Durante la vida laboral, esa tardanza puede afectar el empleo, la seguridad financiera y las responsabilidades familiares, además de retrasar los cuidados y el apoyo necesarios.

“Necesitamos una mayor conciencia sobre el Alzheimer en adultos jóvenes y un mejor acceso a evaluaciones especializadas, incluida la tomografía para detectar tau cuando sea clínicamente apropiada”, señaló Chiotis. “Estas exploraciones muestran cuánta patología de tau hay y dónde se localiza, lo que ayuda a comprender síntomas inusuales y hasta qué punto ha progresado biológicamente la enfermedad”.

Los tratamientos modificadores de la enfermedad disponibles actualmente se dirigen contra el amiloide, otra proteína involucrada en el Alzheimer. En Suecia, el lecanemab se ofrece mediante atención privada, mientras que las recomendaciones nacionales desaconsejan su uso en el sistema de salud financiado con fondos públicos.

Las diferencias entre los pacientes jóvenes y mayores fueron mucho más marcadas para la tau que para el amiloide y se mantuvieron incluso después de considerar los niveles de esta última proteína. Los estudios terapéuticos sugieren que la carga de tau existente puede influir en el beneficio de los tratamientos que reducen el amiloide.

“Aún no sabemos si los pacientes jóvenes se benefician de manera diferente”, advirtió Chiotis. “Pero encontrar una acumulación extensa de tau incluso cuando los síntomas son leves hace que el diagnóstico oportuno sea especialmente importante. Debemos identificar a los pacientes lo suficientemente temprano para dar a los tratamientos la mejor oportunidad de ayudar”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/