Cómo controlar el peso podría frenar el deterioro cognitivo en apenas 2 años, según un estudio
Investigadores de la Universidad de Georgia rastrearon a más de 8.200 personas durante dos décadas y concluyeron que el IMC es uno de los factores modificables más relevantes para preservar la salud mental con la edad
Por Ismael Yasnikowski
Tener kilos de más no solo afecta el corazón o las articulaciones. Un estudio publicado en la revista científica Journal of Neurology determinó que el exceso de masa corporal acelera el declive de la memoria, el rendimiento mental general y las funciones ejecutivas en adultos mayores de 50 años. El equipo encontró que cada punto adicional en el índice de masa corporal (IMC) se asocia con una caída más rápida en estas capacidades intelectuales.
El trabajo fue realizado por científicos de la Universidad de Georgia y analizó datos de un seguimiento nacional a más de 8.200 personas durante 24 años, lo que lo convierte en uno de los registros longitudinales más extensos sobre la relación entre peso corporal y salud cerebral en la población de mayor edad.
Los resultados mostraron una relación consistente entre el IMC y la velocidad del declive cognitivo. El efecto fue más pronunciado a partir del octavo año de seguimiento, y los adultos mayores de 65 años presentaron los cambios más marcados.
Las funciones ejecutivas —aquellas que permiten concentrarse, planificar, organizar tareas y regular emociones— fueron una de las áreas más afectadas. Estas capacidades son indispensables para la vida cotidiana y su deterioro puede tener consecuencias directas sobre la autonomía de las personas.
Los autores también hallaron una señal alentadora: gestionar el peso puede frenar ese declive en un plazo relativamente corto. “Descubrimos que, si las personas manejaban su masa corporal, podían reducir notablemente su tasa de pérdida cognitiva en tan solo dos años”, afirmó Suhang Song, autora principal del estudio e investigadora de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Georgia, en declaraciones recogidas por ScienceDaily.
Eso convierte al IMC en uno de los factores de riesgo más fácilmente abordables cuando se trata de envejecer bien, añadió la investigadora.
Los científicos aún no tienen una respuesta definitiva sobre el mecanismo exacto por el que el exceso de kilos daña el cerebro. Sin embargo, distintos procesos biológicos apuntan en la misma dirección: el tejido adiposo en exceso promueve la inflamación crónica, deteriora la circulación sanguínea y contribuye a la resistencia a la insulina.
Ese conjunto de alteraciones puede aumentar la probabilidad de desarrollar daño cognitivo, enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia. La obesidad, definida en términos generales como un IMC igual o superior a 30, ya se vinculaba a una peor salud cerebral, pero este trabajo refuerza esa relación con datos de largo plazo.
El contexto epidémico hace que los hallazgos sean especialmente relevantes. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, aproximadamente dos de cada cinco estadounidenses califican como obesos usando el IMC como único criterio. Si se incorporan medidas adicionales como el perímetro de cintura y condiciones médicas asociadas, ese porcentaje asciende al 75%.
La investigación no establece que el sobrepeso cause directamente el deterioro cognitivo, pero sí señala a la masa corporal como un factor accionable. Esa distinción importa: a diferencia de la edad o la genética, el peso puede modificarse con intervenciones concretas.
Song subrayó la urgencia de actuar sobre esos factores ante la ausencia de tratamientos curativos: “No existen curas para la demencia, por lo que es fundamental identificar y abordar cualquier factor de riesgo que podamos encontrar para prevenirla”.
Según la publicación de Science Daily, más de siete millones de estadounidenses conviven actualmente con demencia, y los investigadores proyectan que esa cifra se duplicará hacia 2050. Ante ese escenario, identificar variables de riesgo que puedan atenderse se vuelve una prioridad tanto clínica como de salud pública.


