El cannabis no mejora el sueño: un estudio de 35 años contradice lo que sus usuarios creen
Investigadores de Northwestern detectaron con dispositivos de rastreo que los consumidores experimentan más interrupciones nocturnas, aunque ellos mismos no lo perciben
Un estudio de 35 años desafía la creencia de que el cannabis mejora el sueño. Los usuarios registran más despertares nocturnos que las personas que no lo consumen, aunque ellos mismos no lo perciben.
El cannabis daña el sueño, aunque quienes lo consumen no lo noten. Esa es la conclusión central de un estudio de largo aliento publicado en JAMA Network Open, en el que científicos de la Universidad Northwestern analizaron los hábitos de vida de cerca de 1.300 personas durante más de tres décadas. Los datos objetivos, recogidos por dispositivos de rastreo, revelaron un patrón consistente: el consumo de cannabis se asocia con un sueño más fragmentado y de menor calidad, independientemente de lo que los propios usuarios perciban.
Los participantes del estudio portaron sensores en la muñeca —similares a un Apple Watch o un Fitbit— que registraron su actividad nocturna durante al menos una semana. Los datos mostraron que quienes habían consumido cannabis de manera acumulada a lo largo de los años presentaban más interrupciones durante el sueño y pasaban menos tiempo dormidos dentro del período de descanso. Sin embargo, cuando se les preguntó directamente, estos usuarios describieron su sueño de forma similar a quienes nunca habían consumido la sustancia.
“Muchas personas creen que les ayuda a dormir mejor”, señaló Thanh-Huyen T. Vu, profesora asociada de investigación en medicina preventiva de la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y una de las autoras del trabajo, en declaraciones recogidas por MedicalResearch.com. “Pero nuestros hallazgos sugieren que no se debe asumir que va a mejorar el sueño, porque las alteraciones relacionadas con el cannabis pueden pasar inadvertidas”.
El estudio se basó en el Coronary Artery Risk Development in Young Adults Study (CARDIA), una investigación de largo plazo que examina de qué manera el entorno, la genética y los comportamientos de vida de una persona inciden en su riesgo cardiovascular. Desde mediados de los años 80 hasta 2022 aproximadamente, los 1.266 participantes informaron periódicamente sobre su consumo de cannabis y su frecuencia.
El análisis distinguió dos grupos: los usuarios con mayor nivel acumulado de consumo a lo largo de su vida y los usuarios recientes, definidos como aquellos que habían consumido cannabis en algún momento durante los 30 días previos. Ambos grupos mostraron indicadores de sueño más pobres que quienes no consumían la sustancia: más tiempo despiertos por la noche y una eficiencia de sueño más baja, es decir, una menor proporción del tiempo en cama efectivamente dedicada al descanso.
Mercedes R. Carnethon, presidenta del Departamento de Medicina Preventiva de Northwestern y coautora del estudio, admitió que los resultados la tomaron por sorpresa. “Hago mucha investigación sobre el sueño y, simplemente, había tomado como válidos los testimonios de las personas que decían dormir mejor cuando usaban cannabis”, afirmó en declaraciones publicadas por el Washington Post. “Cuando leí sobre cómo actúa el cannabis en el cuerpo, me pareció plausible que la gente durmiera mejor. Por eso me sorprendió. Pero eso es lo que tiene la investigación”.
Una posible explicación para la discrepancia entre la percepción y los datos objetivos son los llamados “micro-despertares”: interrupciones brevísimas del sueño que el usuario no recuerda al despertar, pero que sí quedan registradas en los dispositivos. “Uno sabría si se despertó en medio de la noche y estuvo despierto una hora”, precisó Carnethon. “Pero lo que la gente no recuerda son los micro-despertares”.
Deirdre Conroy, psicóloga del sueño con varios estudios publicados sobre cannabis y descanso nocturno, sostuvo que los nuevos hallazgos son coherentes con evidencia previa que indica que el consumo frecuente y prolongado deteriora el sueño con el tiempo. “El uso regular puede generar tolerancia, por lo que las personas necesitan más con el tiempo para obtener el mismo efecto”, explicó Conroy en declaraciones al Washington Post.
A eso se suma otro factor: cuando el efecto del cannabis desaparece durante la noche, el sueño puede interrumpirse. Y cuando el usuario deja de consumirlo, pueden aparecer síntomas de abstinencia. “Ambos pueden fragmentar el sueño y aumentar los despertares nocturnos”, advirtió la especialista.
El cannabis se ha consolidado como uno de los productos más comercializados como auxiliar del sueño. Gomitas, tinturas, cápsulas y otros formatos con THC, CBN y CBD —tres de los compuestos activos más conocidos de la planta— se promocionan ampliamente con ese fin. Estudios calculan que casi el 10% de los adultos en Estados Unidos usa alguna forma de cannabis para dormir.
La evidencia científica, en cambio, apunta en sentido contrario. Una revisión publicada recientemente en la Cochrane Database of Systematic Reviews analizó nueve ensayos clínicos sobre cannabis medicinal para el insomnio y concluyó que la sustancia mostraba “ningún efecto clínicamente significativo” sobre la calidad del sueño, su duración o el funcionamiento diurno, en comparación con el placebo. Los autores advirtieron además sobre efectos secundarios como sequedad bucal y mareos, aunque señalaron que la evidencia general era demasiado “incierta” para sacar conclusiones firmes.
Los propios investigadores de Northwestern reconocen que, al tratarse de un estudio observacional, no es posible establecer una relación de causa y efecto en términos formales. No obstante, la consistencia del patrón a lo largo de tres décadas y en más de 1.200 personas le otorga solidez al hallazgo. Los autores también señalan que no se relevaron datos sobre las variedades específicas de cannabis ni sobre la vía de administración —inhalada o comestible—, aspectos que futuras investigaciones deberán precisar.
“Ciertamente aún queda trabajo por hacer”, reconoció Carnethon. “No pretendo desacreditar las afirmaciones de toda una industria. Hemos recibido muchos correos enojados de personas que dicen que estamos equivocados”.
Vu, por su parte, señaló en la entrevista con MedicalResearch.com que futuros estudios deberían relevar con mayor detalle las variedades de cannabis utilizadas, las combinaciones con otras sustancias y las vías de administración, para determinar si existen diferencias en la calidad del sueño según esos factores. T


