El enigma del Hombre Dragón: cómo un cráneo oculto en un pozo durante ocho décadas podría redefinir el origen de la humanidad
Especialistas internacionales identifican una pieza fósil única recuperada en territorio asiático bajo la denominación Homo longi. Varios análisis moleculares ratifican vínculos estrechos con ejemplares denisovanos que convivieron junto a poblaciones prehistóricas hace cincuenta milenios
Por Agustina Herreria
En 2021, investigadores y especialistas que estudiaron el cráneo fósil hallado en Harbin, en el noreste de China, identificaron una nueva especie humana, Homo longi, a partir de sus rasgos anatómicos y de posteriores análisis de ADN y proteínas.
El ejemplar, conocido como “Hombre Dragón”, permite vincularlo con los denisovanos y aporta datos sobre los cruces entre distintas poblaciones humanas durante la prehistoria, según la investigación científica publicada en la revista científica The Innovation.
El fósil fue hallado en 1933 durante la construcción de un puente sobre el río Songhua, en Harbin. Un trabajador lo ocultó en un pozo y, décadas después, su familia lo recuperó y lo donó a la Universidad Geo de Hebei, cerca de Beijing.
El cráneo se conserva casi completo y, de acuerdo con el análisis de Manuela B. Pucca, profesora de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas de Araraquara de la Universidad Estatal Paulista (Unesp), y Felipe Costa, estudiante de Farmacia de la misma institución, difundido por The Conversation, constituye el ejemplar más completo conocido de una especie también llamada denisovana. Su estudio replantea la diversidad humana de los últimos cientos de miles de años.
Al recibir una réplica tridimensional a escala real de la pieza arqueológica, Chris Stringer, profesor honorario del Instituto de Arqueología de la University College London (UCL) y del Museo de Historia Natural de Londres, quien participó en la investigación, señaló que era el cráneo humano fósil más grande que había visto.
La pieza presentaba una combinación física que no correspondía a Homo sapiens, neandertales, Homo heidelbergensis ni Homo erectus. Entre sus características aparecen un cerebro de gran tamaño, arcos sobre los ojos muy marcados y una caja craneana baja y amplia. A la vez, su rostro tenía pómulos finos orientados hacia delante, aunque con una nariz ancha y órbitas oculares grandes.
Esas diferencias llevaron a los investigadores a proponer la denominación Homo longi, en referencia al río Dragón Negro, nombre asociado al territorio de Heilongjiang. Según las estimaciones, esta población habría vivido en Asia oriental desde hace al menos 300.000 años hasta aproximadamente hace 45.000 años.
La clasificación permitió revisar otros restos incompletos descubiertos en el país. El elemento decisivo fue un segundo molar de gran tamaño conservado en el cráneo. El diente no mostraba una cavidad posterior para una tercera muela, por lo que el individuo carecía de muelas del juicio.
Ese patrón dental apareció también en fósiles de ese territorio que durante años habían recibido otras posibles clasificaciones. Algunos habían sido considerados una rama asiática de Homo heidelbergensis o una forma intermedia entre Homo erectus y los humanos modernos de Asia.
La comparación de las piezas dentales y de otros rasgos físicos apuntó a que esos ejemplares pertenecían a Homo longi. La relación se extendió a los denisovanos, un grupo conocido inicialmente por fragmentos óseos y dientes encontrados en la cueva de Denisova, en los montes Altái de Siberia.
En 2010, el análisis de ADN de un fragmento de dedo de unos 60.000 años de antigüedad confirmó que esos restos no pertenecían ni a neandertales ni a humanos actuales. Más tarde, la comparación entre genomas y el estudio del cráneo de Harbin reforzaron el vínculo entre ambos conjuntos de piezas arqueológicas.
Los análisis de ADN y proteínas mostraron que el cráneo de Harbin pertenece al mismo grupo que otros restos encontrados en Asia: una mandíbula de la meseta tibetana, huesos recuperados frente a Taiwán y fósiles de una cueva del suroeste de la región; esa coincidencia confirmó su relación con los denisovanos.
La investigación señala que los humanos modernos no descienden directamente de neandertales ni denisovanos, aunque hubo cruces entre esos grupos. La principal expansión de Homo sapiens fuera de África ocurrió hace unos 50.000 años, cuando poblaciones humanas llegaron a Asia occidental y se encontraron con neandertales.
Como resultado, las personas actuales de fuera de África conservan alrededor del 2% de ADN neandertal. Parte de ese material genético desapareció con el tiempo por posibles incompatibilidades, pero algunos segmentos se mantuvieron porque pudieron favorecer la supervivencia frente a enfermedades fuera del continente africano.


