Palpitaciones, mareos y falta de aire: cómo se dispara el ciclo de la ansiedad y qué hacer para frenarlo

Entender qué ocurre en el cuerpo y la mente permite identificar las señales tempranas, frenar la escalada del miedo y recuperar el control. Las recomendaciones de especialistas

Todo puede comenzar con una percepción física habitual: una incomodidad, un dolor o un latido más perceptible. La dificultad no está en esa sensación en sí, sino en el significado que se le atribuye. Si la mente la asocia de inmediato con una enfermedad seria, se puede iniciar lo que la psicología denomina ciclo de ansiedad.

La licenciada María Paula Castro, psicóloga del Servicio de Salud Mental del Hospital Universitario Austral (MN. 278.426), explicó a Infobae un ejemplo del circuito de la ansiedad: “Pensemos en algo cotidiano: venimos caminando tranquilos y de repente sentimos una molestia en el pecho. Puede ser una contractura o una mala postura, algo común y sin importancia. Pero aparece un pensamiento: ‘¿Y si es el corazón?’, ‘¿y si me está por dar un infarto?’”.

Ese pensamiento activa la ansiedad. Y la ansiedad tiene efectos reales en el cuerpo, señaló la psicóloga: “El corazón se acelera, la respiración se vuelve más corta, aparecen sudor, mareo, visión borrosa o un nudo en el estómago. La persona interpreta esos síntomas como la prueba de que algo grave le está pasando: ‘Ves, ahora tengo taquicardia, me falta el aire, me voy a desmayar’”, describió.

Eso genera más miedo, y el miedo, más síntomas, explicó Castro. “A la vez, la persona pone toda su atención en el pecho, y cuanto más se observa, más sensaciones encuentra. Así se arma un circuito que muchas veces termina en una consulta médica, donde el resultado suele ser que el corazón estaba bien y lo que producía todo ese malestar físico era el miedo”.

La psicóloga explicó que no reaccionamos a lo que nos pasa, sino a lo que interpretamos de lo que nos pasa. “La molestia es la misma; lo que cambia todo es si pensamos: “es una contractura” o “es un infarto”. Con la primera idea, seguimos caminando; con la segunda, se enciende la alarma”, advirtió la experta.

El doctor David H. Rosmarin, profesor asociado de la Facultad de Medicina de Harvard e investigador, explicó en un artículo en Psychology Today: “Cuando percibimos nuestras sensaciones físicas iniciales de ansiedad (desagradables pero inofensivas) como motivo de preocupación, nuestra aprensión desencadena la liberación de adrenalina en el torrente sanguíneo. Esto hace que nuestra ansiedad aumente aún más, lo que generalmente genera más catastrofismo y autocrítica. Se produce un círculo vicioso y, listo, la ansiedad se sale de control”.

El experto señaló que el factor crítico que engendra y perpetúa este ciclo es ver la ansiedad como algo que no deberíamos tener. “Nuestra necesidad de deshacernos de la ansiedad aumenta nuestros síntomas. Lo anterior plantea una pregunta: si la experiencia inicial de ansiedad no es inherentemente peligrosa, sino simplemente incómoda, ¿por qué nos da tanto miedo?“, se preguntó el profesor.

Rosmarin sostuvo que la obsesión actual por controlar la incertidumbre lleva a interpretar la ansiedad normal como un problema. Al no aceptar emociones como el miedo o el estrés, la preocupación inicial puede intensificarse y transformarse en ansiedad por sentir ansiedad.

“También estamos obsesionados con la seguridad. En el contexto de la riqueza incomparable y sin precedentes de nuestra sociedad, nos hemos acostumbrado a una falsa sensación de seguridad. Cuando los momentos de amenaza penetran el velo, entramos en pánico”, señaló el experto.

El circuito de la ansiedad (también llamado ciclo o bucle de la ansiedad) es un patrón psicológico y fisiológico en el que un estímulo o pensamiento activa una alarma en el cuerpo, generando malestar que la persona intenta calmar mediante la evitación, lo cual refuerza el miedo a largo plazo. La licenciada Castro explicó que ese circuito pasa por seis instancias:

“Hablamos de circuito porque se trata de un sistema que se retroalimenta, como el perro que se muerde la cola. La ansiedad produce síntomas físicos, como la taquicardia, pero la persona no los reconoce como efecto de su propio miedo: los interpreta como una prueba más de que algo grave le está pasando. Así, lo que empezó siendo una consecuencia de la ansiedad se convierte en el combustible de más ansiedad”, detalló la especialista.

Además, señaló que dos factores refuerzan este circuito:

Cuando el cerebro interpreta algo como amenaza, se activa la amígdala, una parte del cerebro que funciona como una alarma, explicó la licenciada Castro.

“Esa alarma pone en marcha el sistema nervioso simpático y se liberan adrenalina y cortisol. Es la respuesta de lucha o huida: el corazón bombea más rápido, la respiración se acelera, los músculos se tensan. Es un mecanismo diseñado para protegernos, pero en este caso se dispara sin un peligro real”, describió la psicóloga.

Lo paradójico es que esa respuesta produce justamente los síntomas que la persona teme, advirtió. “Si tengo miedo de tener un problema cardíaco, la ansiedad me acelera el corazón, y eso parece confirmar el miedo. Además, mientras la alarma está encendida, la corteza prefrontal del cerebro, que nos ayuda a razonar y poner las cosas en perspectiva, pierde peso. Por eso, en ese momento es tan difícil convencerse de que ‘no es nada’”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/