Identifican 12 proteínas en sangre vinculadas con el riesgo de cáncer de próstata años antes del diagnóstico
El equipo de Oxford analizó muestras de 2.555 hombres y midió más de 6.000 moléculas durante un seguimiento de 16 años. Los resultados podrían aportar pistas sobre los procesos biológicos que preceden a la enfermedad
Por Constanza Almirón
El cáncer de próstata se diagnosticó en cerca de 1,5 millones de hombres y causó casi 400.000 muertes en el mundo durante 2022, según estimaciones de la International Agency for Research on Cancer. Detrás de esas cifras conviven formas muy diferentes de la enfermedad: algunas crecen despacio y pueden no causar daños, mientras que otras se extienden y ponen en riesgo la vida.
Esa diversidad dificulta anticipar qué casos podrían ser más peligrosos. La edad y la herencia genética ayudan a estimar el riesgo, pero no pueden modificarse. En cambio, se conoce menos sobre las señales que aparecen muchos años antes del tumor, sobre todo en las formas agresivas.
Con el objetivo de encontrar esas señales tempranas, un equipo de la Universidad de Oxford identificó proteínas en la sangre que se asociaron con el diagnóstico posterior de cáncer de próstata, incluso más de 15 años antes de que se detectara la enfermedad.
La investigación, publicada en European Urology y presentada en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Genética Humana, todavía no permite desarrollar una prueba para uso médico. Sin embargo, aporta indicios sobre procesos del organismo que podrían estar relacionados con la aparición posterior de este tipo de cáncer.
Las proteínas son moléculas que intervienen en tareas esenciales del cuerpo, como las defensas frente a células anormales y la comunicación entre las células. Al medirlas en la sangre, los investigadores pueden obtener información sobre esos procesos sin tomar muestras de la próstata.
El estudio reunió muestras de sangre de 982 hombres que, con el tiempo, desarrollaron cáncer de próstata y de otros 1.573 participantes elegidos al azar dentro de la Investigación Prospectiva Europea sobre Cáncer y Nutrición. El equipo midió más de 6.000 proteínas y siguió a los participantes durante unos 16 años.
Los investigadores encontraron 12 proteínas asociadas con un diagnóstico ocurrido más de 15 años después de la extracción de sangre. Una de ellas fue GZMK, que producen ciertas células del sistema inmunitario, es decir, las defensas encargadas de reconocer y eliminar células anormales.
“El cáncer de próstata no es una sola enfermedad. Muchos cánceres de próstata crecen lentamente y pueden no causar daño, mientras que otros son agresivos y pueden poner en peligro la vida”, afirmó Zhe Huang, epidemiólogo posdoctoral de Oxford Population Health y primer autor del trabajo, en el comunicado institucional.
La relación hallada con GZMK indica que las defensas del organismo podrían intervenir en el control de cambios relacionados con la enfermedad mucho antes del diagnóstico. Sin embargo, el estudio no demuestra que esta proteína cause el cáncer ni que lo prevenga. Solo detectó una relación entre sus niveles en la sangre y el riesgo posterior.
“Al medir miles de proteínas en sangre recogida años antes del diagnóstico, podemos empezar a investigar en qué pueden diferir los hombres que más tarde desarrollan cáncer de próstata agresivo de aquellos que no lo desarrollan”, señaló Huang en el comunicado de prensa.
La investigación prestó especial atención a los tumores agresivos, aquellos que se diseminan a otras partes del cuerpo o que pueden causar la muerte. Distinguirlos de los tumores que crecen despacio es una de las principales dificultades para mejorar la evaluación del riesgo.
Los científicos identificaron siete proteínas relacionadas con las formas agresivas de cáncer de próstata. Entre ellas se destacó ANKRD1, asociada de manera constante con varios cuadros graves, incluidos los tumores que se habían extendido y aquellos que resultaron mortales.
Los resultados también apuntaron a dos procesos: la adhesión celular, que permite que las células se unan entre sí y a los tejidos cercanos, y la creación de nuevos vasos sanguíneos, necesaria para transportar sangre. Ambos podrían ayudar a entender las diferencias biológicas que preceden a las formas más agresivas de la enfermedad.
Además, aparecieron asociaciones con proteínas producidas por los genes ERBB3, KRAS y NRAS, que ya se conocen por su relación con el cáncer de próstata. Estos vínculos fueron más frecuentes en las formas agresivas diagnosticadas cerca de una década después de que se tomaran las muestras.


