Gluten, lácteos y dietas restrictivas: qué dice la ciencia sobre la alimentación en personas con tiroiditis de Hashimoto
Una revisión científica identificó este patrón alimentario como el único con señales antiinflamatorias favorables, aunque aclaró que no reemplaza el tratamiento farmacológico con levotiroxina cuando es clínicamente necesario
Por Ismael Yasnikowski
La tiroiditis de Hashimoto es una enfermedad autoinmune en la que el propio sistema inmunológico ataca la glándula tiroides y deteriora su capacidad de producir las hormonas que regulan el metabolismo, la temperatura corporal y los niveles de energía. Constituye la principal causa de hipotiroidismo y su origen combina predisposición genética con factores ambientales, un mecanismo que ningún cambio alimentario revierte por sí solo.
La alimentación puede contribuir al bienestar de quienes conviven con esta patología, pero no reemplaza el tratamiento médico. Una revisión publicada en abril de 2026 en el Journal of Endocrinological Investigation examinó la evidencia disponible sobre nutrición y salud tiroidea.
Los autores concluyeron que las dietas restrictivas no demostraron eficacia contra la tiroiditis autoinmune y que eliminar gluten o lactosa sin un diagnóstico de celiaquía ni de intolerancia no mejoró la función glandular.
El régimen cetogénico figura entre las tendencias más promocionadas para combatir el hipotiroidismo. Una investigación publicada en mayo de 2026 en la revista PLOS One lo probó en ratones con tiroiditis autoinmune inducida por yodo. Tras cuatro semanas, los animales exhibieron menor inflamación, reducción de autoanticuerpos y un reequilibrio inmunitario. Los propios autores, sin embargo, advirtieron que los resultados constituyen una prueba de concepto y requieren ensayos clínicos en humanos antes de cualquier extrapolación.
En personas, la evidencia apunta en dirección contraria. La revisión del Journal of Endocrinological Investigation indicó que las versiones muy bajas en calorías del régimen keto reducen los niveles de T3, la forma activa de la hormona tiroidea. Esa caída ralentiza el metabolismo y contrarresta los propios objetivos de pérdida de peso que motivaron la restricción, señalaron los investigadores.
La supresión del gluten circula como consejo generalizado para quienes padecen la enfermedad. La revisión científica, no obstante, determinó que no existe evidencia suficiente para recomendar esa restricción a pacientes sin celiaquía confirmada. Los autores advirtieron que los productos sustitutivos libres de gluten suelen contener más aditivos, grasas y azúcares, lo que deteriora la calidad nutricional global.
La misma lógica aplica a la eliminación de lácteos. El estudio estableció que prescindir de ellos sin intolerancia comprobada carece de respaldo científico y puede privar al organismo de nutrientes esenciales.
“Las dietas de eliminación, en ausencia de una intolerancia demostrada, no mejoran la salud general ni la salud tiroidea”, sostuvieron los investigadores. Incluso alertaron sobre el riesgo de ortorexia, un trastorno que transforma la búsqueda de alimentación saludable en una obsesión restrictiva.
Frente a las restricciones, la revisión identificó un solo modelo alimentario con señales favorables: la dieta mediterránea. Rica en vegetales, cereales integrales, aceite de oliva y pescado, mostró efectos antiinflamatorios y antioxidantes que podrían proteger frente a enfermedades autoinmunes crónicas, incluida la tiroiditis. Los autores aclararon, sin embargo, que ese patrón no sustituye el tratamiento farmacológico con levotiroxina cuando resulta clínicamente necesario.
En materia de suplementos, la revisión desaconsejó la ingesta rutinaria de micronutrientes sin deficiencia documentada. El selenio redujo anticuerpos antiperoxidasa en algunos ensayos, pero sin modificaciones significativas en los niveles hormonales. El yodo, indispensable para la síntesis hormonal, demanda especial prudencia: su exceso puede agravar tanto el hipertiroidismo como la propia condición autoinmune.
El trabajo cerró con una advertencia que atraviesa todo el debate: ningún nutriente aislado ni suplemento garantiza por sí solo el equilibrio tiroideo. Solo una alimentación variada, combinada con seguimiento médico y análisis de sangre que incluyan TSH y T4 libre, permite un manejo adecuado de la enfermedad.


