La estrecha relación del té y la salud cardiovascular: cómo repercuten temperatura, frecuencia y variedad

La ciencia analiza desde hace años los compuestos presentes en las infusiones y su posible incidencia sobre la presión arterial, el colesterol y la función de los vasos sanguíneos

Por Bautista Salaverri

El té ocupa un lugar habitual en las mesas de todo el mundo y sus variedades comparten un origen común: las hojas de la planta Camellia sinensis. Verde, negro, blanco y oolong se distinguen por el procesamiento de las hojas, que modifica su composición de compuestos bioactivos. Las infusiones de hierbas, como las de manzanilla, jengibre o hibisco, son preparaciones diferentes, hechas con flores, raíces, frutas o especias.

La investigación científica ha vinculado el consumo de té con posibles beneficios para la salud cardiovascular, en especial por la presencia de polifenoles y flavonoides. Estos compuestos son estudiados por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Según un estudio reciente, la frecuencia, la intensidad de la infusión, el tipo de té y la temperatura a la que se bebe se relacionan con el riesgo de enfermedades vasculares.

Los resultados invitan a mirar más allá de la variedad elegida. La cantidad diaria, el agregado de azúcar, la temperatura y la forma de preparación pueden modificar el perfil de consumo.

Un estudio publicado en Journal of Internal Medicine analizó información de más de 485 mil adultos de entre 30 y 79 años, durante un seguimiento medio de alrededor de nueve años. En ese período se registraron más de 14.800 casos de enfermedades cardiovasculares, entre ellos infartos, accidentes cerebrovasculares y enfermedad arterial periférica.

Uno de los resultados, recogido por CNN, se vinculó con la temperatura. Las personas que declararon tomar el té muy caliente tuvieron un riesgo de enfermedad vascular 16% superior al de quienes no lo consumían regularmente. En contraste, tomarlo a temperatura ambiente o caliente, sin que llegue a provocar una sensación de quemazón, se asoció con un riesgo menor frente al grupo de consumo infrecuente.

La doctora Leana Wen, médica de urgencias y profesora clínica asociada de la Universidad George Washington, señaló a CNN que el dato debe interpretarse con cautela. La temperatura fue informada por los participantes y no medida de manera objetiva, por lo que la definición de muy caliente podía variar entre ellos. Wen añadió que las personas que prefieren bebidas a temperaturas muy elevadas también podrían tener otros hábitos que influyan en su salud cardiovascular.

Una revisión publicada en la revista Life indicó que la temperatura del agua, el tiempo de infusión y el lapso entre la preparación y el consumo influyen en la composición final de la bebida. A su vez, Wen explicó que evitar bebidas que quemen la boca o la garganta permite reducir lesiones térmicas, un punto relevante porque el consumo repetido de bebidas muy calientes se ha asociado con un mayor riesgo de cáncer de esófago.

La frecuencia también fue una de las variables analizadas. El estudio citado por CNN asoció el consumo al menos tres días a la semana con un riesgo de enfermedad vascular aproximadamente 11% menor frente a beberlo con menos frecuencia. El resultado contempló factores como edad, tabaquismo, actividad física, peso corporal y enfermedades previas.

Entre las personas que tomaban la infusión al menos una vez por semana, el riesgo estimado más bajo apareció con seis a ocho tazas diarias. Sin embargo, Wen remarcó que esta observación no equivale a una indicación de consumo para toda la población. El tamaño de las tazas no fue uniforme y los datos dependieron de lo declarado por los participantes. Además, el riesgo volvió a aumentar en los niveles de ingesta superiores a ese rango.

Una investigación publicada en Food Science and Human Wellness coincidió en que todavía no hay pruebas suficientes para establecer una cantidad óptima de té destinada a prevenir hipertensión o mejorar la salud cardiovascular. El autor explicó que los estudios observacionales pueden identificar asociaciones, aunque no demuestran una relación directa de causa y efecto.

La cafeína también requiere consideración. Wen indicó a CNN que una taza de 240 mililitros de té negro suele aportar entre 30 y 50 miligramos de cafeína, mientras que el té verde habitualmente contiene menos. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos considera que 400 miligramos diarios no suelen asociarse con efectos peligrosos en la mayoría de los adultos. La especialista agregó que el embarazo, los trastornos del sueño, la ansiedad y las palpitaciones son factores que vuelven relevante la ingesta total.

El té verde, negro, oolong y blanco provienen de la misma planta, aunque el grado de oxidación de las hojas modifica la proporción y el tipo de flavonoides. La revisión de Life explicó que las variedades verdes y blancas atraviesan un proceso de oxidación mínimo, el oolong presenta un proceso parcial y el negro tiene una oxidación mayor.

De acuerdo con el estudio de Food Science and Human Wellness, tanto el té verde como el negro contienen polifenoles y han mostrado asociaciones con indicadores cardiovasculares favorables. El té negro presentó asociaciones más consistentes con un riesgo menor de varios tipos de enfermedad cardiovascular en el nuevo estudio, mientras que el verde también mostró resultados favorables.

Los polifenoles y flavonoides se investigan por su posible vínculo con la función endotelial. Se trata de la capa de células que recubre el interior de los vasos sanguíneos y ayuda a regular el flujo de la sangre. Según la revisión de Life, los compuestos del té podrían contribuir a la relajación de los vasos y a una menor rigidez arterial.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/