Científicos descubren un compuesto natural que podría proteger el cerebro del exceso de sal
Una investigación preclínica de la Universidad de Fujita Health reveló que la sustancia LPC70 redujo la presión arterial y revirtió el deterioro cognitivo en ratones alimentados con dietas ricas en sodio, aunque se necesitan estudios en humanos para confirmar los efectos
Por Ismael Yasnikowski
Un grupo de científicos de la Universidad de Fujita Health, en Japón, descubrió que un compuesto natural extraído de la soja protegió a ratones de los daños que el exceso de sal provoca en la memoria, la conducta social y el sistema cardiovascular.
La sustancia, denominada LPC70, es una forma concentrada de un componente presente en la lecitina de soja. El estudio, publicado en la revista Neurochemistry International, representa un avance hacia el desarrollo de alimentos funcionales capaces de cuidar la salud cerebral.
Investigaciones previas ya demostraron que este ingrediente podía reducir la presión arterial y mejorar el rendimiento mental en roedores alimentados con mucha sal, pero faltaba entender cómo lo conseguía. El nuevo trabajo, dirigido por el profesor Akihiro Mouri y el doctor Hisayoshi Kubota, reveló que LPC70 actúa sobre señales químicas específicas en los riñones y en la corteza cerebral, con efectos distintos en cada órgano.
En los experimentos, los animales que consumieron alimentos con alto contenido de sodio desarrollaron hipertensión. Pero el daño fue más allá del corazón: los ejemplares interactuaron menos entre sí y tuvieron dificultades para reconocer objetos con los que ya entraron en contacto, lo que evidenció un deterioro en la memoria y en la conducta social.
Su actividad física y sus niveles de ansiedad, sin embargo, no se modificaron. Esto indica que el sodio en exceso afecta de manera puntual funciones cerebrales complejas, sin provocar un declive generalizado en el comportamiento.
Cuando los investigadores incorporaron LPC70 a la dieta de estos roedores, la tensión arterial descendió y los animales volvieron a desempeñarse mejor en las pruebas de reconocimiento y de interacción social. Estos resultados llevaron al equipo a analizar qué ocurría dentro de los órganos.
Para entender el mecanismo, los científicos se concentraron en las prostaglandinas, unas moléculas que el cuerpo produce para regular funciones vitales como la circulación sanguínea y la defensa de las neuronas. Dependiendo de dónde actúen y qué receptores activen, estas señales pueden resultar beneficiosas o perjudiciales.
En el sistema renal, la ingesta salada aumentó la actividad de dos componentes que contribuyen a elevar la presión arterial: la enzima COX-2 y el receptor EP3. El tratamiento con LPC70 redujo ambos niveles, lo que sugiere que el compuesto ayuda a corregir las alteraciones renales provocadas por el sodio.
En la corteza prefrontal —la zona del cerebro encargada del pensamiento, los recuerdos y las relaciones sociales— el panorama fue distinto. La sal en exceso disminuyó la presencia de un receptor llamado DP1, vinculado a funciones antiinflamatorias y de protección neuronal. LPC70 restauró ese receptor sin alterar otro asociado a efectos nocivos para las células nerviosas. Este hallazgo indica que la sustancia favorece únicamente las vías que blindan al tejido cerebral, sin potenciar las que podrían dañarlo.
El equipo también encontró un dato inesperado. Los ratones con alimentación rica en sodio tenían niveles más bajos de ácido araquidónico, una grasa que el cuerpo utiliza como materia prima para fabricar prostaglandinas. Sin embargo, al recibir el tratamiento, la producción de estas moléculas aumentó en lugar de disminuir.
Este resultado, aparentemente contradictorio, sugiere que LPC70 permite al organismo usar de manera más eficiente la materia prima disponible, incluso cuando el exceso de sodio la reduce. En conjunto, la investigación muestra que esta sustancia vegetal actúa de forma coordinada pero distinta según el órgano: frena las señales que elevan la tensión en los riñones y refuerza las que protegen al cerebro de la inflamación.
“Nuestro estudio sienta las bases para futuras investigaciones clínicas y estrategias alimentarias orientadas a reducir el deterioro cognitivo vinculado a la hipertensión”, afirmó el profesor Mouri en declaraciones recogidas por ScienceDaily. Vale destacar que los resultados provienen de ensayos con animales, por lo que todavía se requieren estudios en personas para confirmar si los beneficios observados se replican en humanos.


