Los beneficios que puede aportar una pausa de 30 días sin alcohol
Estudios vincularon la interrupción temporal de bebidas con cambios en el sueño y una menor frecuencia de ingesta posterior
Por Santiago Abraldes
Una copa al final del día, una cerveza en una cena o una bebida que se repite casi sin advertirlo pueden formar parte de una rutina. Dejar el alcohol durante 30 días puede ayudar a observar qué lugar ocupa ese hábito en la vida cotidiana y si cambia el descanso, la energía o la relación con las bebidas.
Para quien toma de manera ocasional, esa pausa puede ayudar a reconocer en qué momentos aparece la costumbre de beber. Para quien lo hace todos los días o en cantidades elevadas, el panorama es distinto: suspender de forma abrupta puede desencadenar síntomas de abstinencia y requerir atención médica.
Para explicar esa diferencia, Verywell Health consultó a Anne M. Larson, profesora clínica de Medicina de la Universidad de Washington, a Tavis Glassman, profesor de Salud Pública de la Universidad de Toledo, y a Debi Petitpain, dietista registrada de Charleston.
Sus observaciones ayudan a ordenar la cuestión central: qué puede mostrar una pausa de 30 días sobre los hábitos de bebida, qué beneficios registraron las campañas estudiadas y cuándo la decisión necesita acompañamiento profesional.
Una revisión publicada en Harm Reduction Journal vinculó las iniciativas de un mes sin alcohol con resultados favorables a corto y mediano plazo, aunque también señaló límites claros para interpretar sus efectos.
El trabajo, elaborado por Julia de Ternay y otros investigadores, examinó seis estudios y siete informes anuales de campañas nacionales de un mes sin alcohol, entre ellas Dry January, una iniciativa que propone no beber durante enero.
Los autores evaluaron quiénes participaban, qué proporción completaba el mes sin beber y qué cambios comunicaban al finalizarlo y en los meses siguientes.
Entre quienes se habían registrado en Dry January y completaron el mes, el 56% informó que dormía mejor, el 52% señaló más energía, el 50% percibió un mejor estado de salud y el 38% indicó haber perdido peso.
La revisión también identificó una reducción posterior en la frecuencia de consumo, la cantidad de bebidas por ocasión y los episodios de embriaguez entre las personas que mantuvieron la abstinencia.
Estos resultados no garantizan que dejar el alcohol durante 30 días produzca los mismos efectos físicos en cada caso.
Los autores aclararon que los estudios revisados eran observacionales y reunían poblaciones y campañas distintas. Es decir, describieron asociaciones, pero no permitieron establecer que el mes sin alcohol hubiera sido la única causa de los cambios registrados.
La disminución posterior de la ingesta es uno de los hallazgos que permite evaluar el alcance de estas campañas más allá de los 30 días.
La revisión informó que, a los seis meses, quienes habían completado la abstinencia mostraban descensos en la puntuación de AUDIT-C, un cuestionario que identifica patrones de consumo riesgoso. También bebían menos días y tenían menos episodios de embriaguez.
Glassman sostuvo que muchas personas beben de manera habitual sin detenerse a identificar por qué ni en qué momentos lo hacen.


