Por qué la presión arterial puede no bajar durante la noche y cuál es el rol de los riñones
Un modelo computacional desarrollado en Canadá encontró que el reloj interno renal puede ser tan determinante como la cantidad de sal que se consume
La presión arterial no es un valor fijo. A lo largo del día sube y baja siguiendo un ritmo propio, y uno de sus momentos más críticos ocurre, paradójicamente, mientras dormimos. En la mayoría de las personas, la presión desciende entre un 10 y un 20% durante la noche, un alivio que le da al corazón y a los vasos sanguíneos la oportunidad de recuperarse del esfuerzo diario.
Pero en quienes ese descenso no se produce, conocidos como “non-dippers” (personas cuya presión no desciende de noche), el riesgo de desarrollar enfermedades cardíacas, accidentes cerebrovasculares, enfermedad renal y muerte prematura es considerablemente mayor. Lo que nadie había podido explicar con claridad era por qué.
Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Waterloo, en Canadá, ofrece una posible respuesta. Mediante un sofisticado modelo computacional del cuerpo humano, los científicos identificaron que un pequeño desfase en el horario en que los riñones procesan la sal podría ser suficiente para impedir que la presión arterial baje durante la noche, incluso cuando el resto de los sistemas del organismo funciona con normalidad. El hallazgo no solo arroja luz sobre un fenómeno que desconcertó a los investigadores durante décadas, sino que representa un punto de partida concreto para entender y tratar la hipertensión nocturna.
Los resultados se publicaron en un estudio en la revista PLOS ONE, cuya autora principal es la doctora Anita Layton, profesora de Matemática Aplicada en Waterloo y titular de la Canada 150 Research Chair en Biología Matemática y Medicina.
Para comprender el hallazgo, hay que partir de una idea central: casi todos los sistemas del organismo funcionan siguiendo ritmos de 24 horas, conocidos como ritmos circadianos, ciclos biológicos internos que regulan cuándo cada proceso se activa o se ralentiza. Los riñones, los vasos sanguíneos, el sistema nervioso y las hormonas tienen cada uno su propio reloj. En condiciones saludables, esos relojes trabajan coordinados: se adelantan o se atrasan en sintonía para que la presión arterial suba durante el día, cuando el cuerpo está activo, y baje de noche, cuando descansa.
“Muchos de los sistemas que controlan la presión arterial siguen sus propios ritmos de 24 horas, incluidos los riñones, los vasos sanguíneos, el sistema nervioso y las hormonas”, afirmó Layton, según el comunicado de prensa de la Universidad de Waterloo. “Lo que encontramos es que el momento en que se produce el ritmo diario de estos sistemas puede ser tan importante como el ritmo en sí mismo”, agregó.
Hasta ahora, los científicos conocían la existencia de estos ciclos por separado, pero comprendían poco sobre qué ocurría cuando el reloj de uno de ellos se desajustaba respecto a los demás.
Para explorar esa pregunta, Layton y su equipo construyeron un modelo computacional que integra los sistemas cardiovascular, renal y nervioso, y les permite ajustar cada componente de forma independiente.
En términos prácticos, pudieron “apagar” o “mover en el tiempo” el reloj de un sistema específico y observar qué pasaba con la presión arterial, algo muy difícil, o directamente imposible, de hacer en el laboratorio o en pacientes reales.
El experimento clave consistió en modificar el horario en que los túbulos renales, conductos microscópicos dentro del riñón que reabsorben o eliminan sodio según las necesidades del organismo, realizan su trabajo de procesamiento de sal. Los investigadores probaron dos cosas distintas: debilitar la intensidad de ese ritmo renal y, por otro lado, desplazarlo en el tiempo.
Los resultados fueron claros. Cuando simplemente se redujo la fuerza del ritmo renal, el efecto sobre la presión nocturna fue modesto. Pero cuando se retrasó ese ritmo unas pocas horas, la simulación pasó de mostrar un patrón saludable de descenso nocturno a exhibir un patrón de presión que no baja. El trabajo concluye que la presión nocturna depende no solo de la existencia de ritmos biológicos, sino del alineamiento temporal entre ellos. La sincronía vale tanto como la presencia de cada ciclo.
El fenómeno se agravó en dos condiciones: en personas con mayor ingesta de sal y en quienes son más sensibles al sodio, dos factores que ya se vinculaban al riesgo de hipertensión.
Según se detalla en el estudio, cuando el transporte tubular de sodio se produce fuera de fase con el ciclo sueño-vigilia, el riñón termina excretando la sal en horario nocturno, en lugar de hacerlo principalmente de día.
Eso obliga al organismo a mantener la presión arterial elevada durante la noche como mecanismo compensatorio para lograr eliminar el exceso de sodio, lo que perpetúa el patrón de no descenso nocturno.
El estudio tiene una limitación importante que sus propios autores reconocen: se trata de un modelo matemático, no de un ensayo clínico. Los experimentos son virtuales y, aunque el modelo fue calibrado para reproducir condiciones fisiológicas realistas, sus predicciones aún deben ser verificadas en laboratorio y en pacientes.


