Sin ducha ni camas: cómo es la rutina de los astronautas que viven en la Estación Espacial Internacional
Dentro del complejo que orbita el planeta, el entorno con microgravedad transforma cualquier acto fisiológico. El descanso requiere sacos sujetadores y el sanitario opera mediante corrientes con aire que succionan residuos
A unos 400 kilómetros de la Tierra, los astronautas pueden ver amanecer y anochecer 16 veces en un solo día. Pero esa vista no elimina los problemas de la rutina: dormir, lavarse, comer, ir al baño y hacer ejercicio en microgravedad requiere equipos específicos, horarios rígidos y una gestión minuciosa de cada gota de agua.
La Estación Espacial Internacional (EEI) funciona como laboratorio científico y vivienda para sus tripulantes durante misiones que pueden durar varios meses. Allí no hay camas convencionales, duchas ni lavarropas. Tampoco existe la gravedad que permite que el agua caiga, que el cuerpo se mantenga quieto sobre una superficie o que los residuos lleguen a un desagüe.
La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA) resumió esa realidad en uno de sus documentos sobre la vida orbital: “Dormir puede ser un problema cuando no hay gravedad”.
En la EEI, cada integrante de la tripulación cuenta con una cabina personal de dimensiones reducidas. Allí instala una bolsa de dormir que queda fijada a una pared, a un asiento o a otra estructura del módulo. La razón es directa: sin gravedad, el cuerpo no permanece sobre un colchón.
Dormir en el espacio exige mantenerse atado para evitar desplazamientos involuntarios y golpes contra los equipos. La orientación tampoco modifica la experiencia. Un astronauta puede descansar de pie, horizontal o con la cabeza hacia abajo porque no percibe el peso del cuerpo ni una referencia fija de arriba y abajo.
La NASA establece, en términos generales, ocho horas de descanso después de una jornada de misión de 16 horas. Sin embargo, el sueño puede verse afectado por el ruido de los sistemas de ventilación, el trabajo planificado, la ansiedad y los ciclos de luz. La estación completa una órbita alrededor del planeta aproximadamente cada 90 minutos, por lo que sus ocupantes observan numerosos amaneceres y atardeceres durante un día terrestre.
Para ordenar el ritmo biológico, las cabinas disponen de ventilación, controles de iluminación y elementos para bloquear el sonido y la luz. Según la agencia espacial, los astronautas usan “un antifaz y tapones para los oídos para bloquear el ruido y la luz”.
Una ducha convencional no sería viable en un entorno de microgravedad. El agua no cae hacia un desagüe: forma gotas y esferas que pueden quedar suspendidas dentro del módulo. Si esas partículas ingresaran en computadoras, paneles eléctricos o sistemas de ventilación, podrían provocar problemas técnicos.
Por esa razón, los astronautas no se duchan en la Estación Espacial Internacional. La higiene diaria depende de toallas húmedas, paños, pequeñas cantidades de agua y productos que no requieren enjuague. La NASA señaló que los tripulantes toman “baños de esponja diarios” y usan shampoo sin enjuague para el cabello.
El procedimiento evita que queden gotas sueltas en el aire. El agua se aplica sobre la piel o el pelo y luego se retira con una toalla. La pasta dental también requiere una adaptación: puede tragarse o retirarse con succión, como sucede en algunos consultorios odontológicos.
La falta de ducha no implica que el cuidado personal deje de ser importante. El ejercicio diario provoca transpiración, mientras que el cabello y la piel continúan produciendo aceites naturales. La diferencia está en que la limpieza debe hacerse con un consumo reducido de agua y sin generar residuos que floten dentro de la nave.
Ir al baño también exige aprender una técnica específica. En la Tierra, la gravedad dirige los líquidos y sólidos hacia el inodoro. En órbita, esa función depende de un sistema de aire y succión.
El baño de la estación posee un asiento con apoyos para las piernas y los muslos. Esos elementos ayudan al astronauta a conservar la posición correcta. Para la orina, se emplea un embudo conectado a una manguera. Los ventiladores generan el flujo que lleva los residuos hacia los depósitos correspondientes.
La NASA comparó el mecanismo con una aspiradora: “El inodoro funciona como una aspiradora con ventiladores”.
Una parte central de este proceso es el reciclaje de agua. La humedad del aire, la condensación y la orina pasan por sistemas de tratamiento que permiten recuperar líquido para distintos usos. El agua es limitada y transportarla desde la Tierra implica costos y capacidad de carga, por lo que la reutilización resulta necesaria para las misiones prolongadas.


