¿Agua o bebidas sin azúcar? Un estudio reveló cómo impactan en el peso

Un ensayo clínico de la Universidad de Liverpool siguió durante dos años a casi 500 adultos y evaluó, además, distintos indicadores de salud para determinar qué efectos tuvo cada alternativa

Por Constanza Almirón

Las bebidas sin azúcar suelen elegirse para reducir el consumo de refrescos azucarados. Sin embargo, su utilidad para controlar el peso sigue en discusión, en parte porque todavía se debate si los edulcorantes, que endulzan con pocas o ninguna caloría, pueden alterar el hambre, favorecer el aumento de peso con el tiempo o afectar otros aspectos de la salud.

Para responder a esas dudas, investigadores de la Universidad de Liverpool siguieron durante dos años a 493 adultos con sobrepeso u obesidad que participaban en un programa de cambio de hábitos. El ensayo halló que quienes consumieron bebidas sin calorías tuvieron una reducción de peso similar a quienes bebieron agua, sin una diferencia estadísticamente significativa entre ambos grupos.

La investigación evaluó productos de venta habitual que contenían aspartamo, acesulfamo de potasio y sucralosa. Publicado en la revista British Journal of Nutrition, el trabajo suma datos a un debate que hasta ahora se había apoyado, en gran medida, en investigaciones observacionales. Esos estudios registran hábitos y resultados de salud, pero no permiten establecer por sí solos si un hábito provoca directamente un cambio.

Dentro del programa, cada participante recibió por sorteo una de dos indicaciones diarias: beber agua o consumir bebidas dietéticas disponibles en el mercado. Ese reparto al azar es una herramienta habitual en los ensayos clínicos, porque evita que la elección dependa de las características personales de quienes participan.

De ese modo, si al final aparecen diferencias entre los grupos, resulta más fácil analizar si se relacionan con la opción evaluada. Las cantidades de edulcorantes empleadas se mantuvieron dentro de los límites de seguridad fijados por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Según se detalla en el estudio, al cabo de las 104 semanas el grupo que consumió bebidas con edulcorantes había perdido, en promedio, 4,8 kilogramos. En el grupo que bebió agua, la pérdida media fue de 3,7 kilogramos. La diferencia no fue lo bastante grande como para concluir que una de las dos opciones fuera superior a la otra.

El seguimiento incluyó un último año sin el acompañamiento del programa de cambio de hábitos. Aun así, ambos grupos mantuvieron una parte del peso perdido. También redujeron la medida de la cintura y la cadera y registraron mejoras en distintos indicadores de composición corporal.

Jo Harrold, decana de Psicología de la Universidad de Liverpool, afirmó en el comunicado institucional que “las preocupaciones sobre que los edulcorantes alteren el apetito o causen aumento de peso no se sostienen cuando se las pone a prueba en un ensayo aleatorizado riguroso y de largo plazo”.

Además del peso, el equipo analizó la presión arterial, el colesterol y otros indicadores metabólicos. El colesterol total aumentó en el grupo que consumió bebidas con edulcorantes, mientras que la hemoglobina glicosilada (HbA1c) y la presión arterial diastólica disminuyeron más en el grupo que bebió agua.

Los autores señalan que estos resultados deben interpretarse con cautela, entre otros motivos por el tamaño reducido de algunas muestras.

A partir de esos controles, los investigadores también evaluaron si las bebidas podían modificar la regulación del apetito, es decir, las señales del organismo que intervienen en el hambre y la saciedad.

El comunicado sostuvo que los resultados “no respaldan las preocupaciones de que las bebidas con edulcorantes no nutritivos alteren la regulación del apetito o causen daño metabólico a largo plazo”. Con esa última expresión se refiere a cambios perjudiciales en la forma en que el cuerpo procesa y utiliza la energía.

Ambos grupos redujeron el consumo de azúcar, aunque la baja fue levemente mayor entre las personas que recibieron bebidas con edulcorantes. El trabajo no las comparó con refrescos azucarados, sino con agua, para establecer si dentro del programa de cambio de hábitos producían resultados distintos sobre el peso.

En ese contexto, Jo Harrold, decana de Psicología de la Universidad de Liverpool, señaló en el comunicado institucional que la institución espera que estos hallazgos “informen las futuras orientaciones de la Organización Mundial de la Salud y las políticas de salud pública”.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/