La huella de la migraña tras el dolor de cabeza: qué le pasa al cuerpo cuando termina la crisis
Casi ocho de cada diez personas con jaqueca sufren una etapa de recuperación que se puede extender hasta 48 horas. Cuáles son las señales que pueden indicar que el episodio aún no concluyó
Por Fernando Mongelós
Cuando el dolor de cabeza cede después de una crisis de migraña, muchas personas creen que lo peor quedó atrás. Sin embargo, cerca del 80% de quienes tienen migraña, según un estudio publicado en Neurology, atraviesan una etapa de recuperación con síntomas propios que puede extenderse hasta 48 horas e interferir en las actividades cotidianas.
Esta etapa se llama fase postdrómica y también se conoce como “resaca de la migraña”. Es la última parte del ataque. Esta dolencia puede atravesar cuatro etapas: pródromos, aura, dolor de cabeza y postdromo, aunque no todas aparecen en cada persona ni en todos los episodios.
Durante la fase final, el malestar puede continuar aun cuando haya desaparecido el dolor principal. La Cleveland Clinic la define como el período que transcurre desde el fin del dolor hasta que la persona vuelve a sentirse como antes.
La fatiga es una de las manifestaciones más habituales de la fase postdrómica. Un estudio publicado en Neurology, que siguió a 120 pacientes mediante diarios electrónicos, encontró que el 88% de los episodios incluyó cansancio y que el 56% se acompañó de dificultades para concentrarse. La rigidez o el dolor de cuello se registraron en el 42% de los casos. También pueden persistir las náuseas, la sensibilidad a la luz y al sonido, y los cambios de ánimo.
El neurólogo Joel Saper, fundador del Michigan Headache & Neurological Institute, lo resumió con precisión en declaraciones a HealthCentral: “Incluso cuando mejora el dolor, la gran mayoría de las personas con migraña sigue experimentando otros síntomas. El cerebro todavía se está recuperando”.
Al cansancio puede sumarse la llamada niebla mental, una expresión que describe la dificultad para concentrarse, seguir una conversación o tomar decisiones sencillas. Algunas personas, además, atraviesan cambios de humor, con irritabilidad, tristeza o una sensación pasajera de euforia.
También pueden aparecer insomnio o somnolencia, malestar estomacal, estreñimiento, mareos y sed. En algunas personas, la sensibilidad a la luz y al ruido continúa durante esta etapa, aunque la crisis ya haya pasado.
Los estudios que observan la actividad del cerebro ayudan a entender por qué la recuperación no siempre es inmediata. Las investigaciones con resonancia magnética funcional señalan que, tras la crisis, pueden mantenerse cambios en las áreas cerebrales relacionadas con la percepción del malestar, la atención y las emociones.
Una revisión publicada en PubMed Central indicó que los síntomas del postdromo suelen parecerse a los que algunas personas presentan antes de la crisis, entre ellos cansancio, cambios de humor y problemas de concentración. En promedio, pueden prolongarse 18 e incluso extenderse hasta 48 horas después de que termina el dolor.
Una revisión narrativa publicada en diciembre de 2024 en The Journal of Headache and Pain planteó que, durante la recuperación, algunas personas pueden tener dificultades transitorias en la memoria, la atención y la rapidez para procesar información.
Los autores aclararon que los estudios disponibles todavía son escasos y no siempre llegan a las mismas conclusiones. Cuando estos síntomas aparecen, pueden complicar el trabajo, el estudio o los vínculos sociales.
La duración de la fase postdrómica varía según la persona y el episodio. Los datos de un estudio con diarios electrónicos, disponible en PubMed Central, muestran que el 54% de los ataques se resolvió por completo dentro de las seis horas posteriores al fin del dolor, mientras que solo el 7% duró más de 24 horas. Aun así, algunos pacientes necesitan un día completo o más para retomar su ritmo habitual.
La misma investigación no encontró una relación directa entre la intensidad del dolor y la duración de la recuperación.
Tampoco halló que el tipo de medicación empleada durante la crisis determinara cuánto tiempo persistían los síntomas posteriores. Por eso, un episodio de dolor moderado puede dejar un cansancio importante, mientras que otro más intenso puede terminar con una recuperación más rápida.


