La fruta que los neurólogos recomiendan para cuidar el cerebro después de los 50 años

Especialistas en neurología e investigaciones clínicas señalan a un fruto con alta concentración de polifenoles como el aliado más eficaz contra el deterioro cognitivo en la mediana edad, incluido el Alzheimer

Una fruta que rara vez aparece en las listas de alimentos recomendados para la salud cognitiva podría proteger el cerebro en la mediana edad, según especialistas en neurología citados por la revista Parade. La investigación clínica disponible sugiere además que su consumo habitual podría reducir el riesgo de desarrollar enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

El deterioro cognitivo que muchas personas empiezan a notar con el envejecimiento —olvidos cotidianos, lentitud para recuperar nombres, fatiga mental en horas activas— tiene un mecanismo biológico identificado: el estrés oxidativo —un proceso por el cual moléculas inestables dañan las células— y la inflamación crónica —una respuesta sostenida del sistema inmune que daña los tejidos con el tiempo— desgastan las conexiones entre neuronas de forma acumulativa. Frente a ese proceso, los especialistas señalan que las decisiones alimentarias constituyen una herramienta concreta de defensa, y que ciertos frutos, por su composición química, ofrecen una ventaja clara sobre otros.

La fruta en cuestión es la granada. Mill Etienne, médico neurólogo certificado y profesor de neurología en el New York Medical College, advirtió que los adultos mayores de 50 años deberían incorporarla con mucha mayor frecuencia: su concentración de polifenoles —ellagitaninos, antocianinas y taninos— le confiere propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y neuroprotectoras que otros frutos de consumo habitual no alcanzan en igual medida.

Su consumo, ya sea en forma de semillas o de jugo puro, refuerza los mecanismos vinculados al aprendizaje y a la memoria a corto plazo. Los antioxidantes presentes en el fruto neutralizan los radicales libres antes de que puedan comprometer las membranas celulares en las zonas del cerebro responsables del registro y la recuperación de información.

La investigación clínica sobre la granada acumula pruebas en distintas direcciones. En modelos animales, un estudio publicado en el Journal of Neurosciences in Rural Practice demostró que el aceite de semilla de granada redujo significativamente la densidad de placas amiloides —acumulaciones de proteínas tóxicas que dañan progresivamente el tejido cerebral— en el hipocampo —la región central del cerebro para la memoria— y frenó la pérdida de neuronas en ratas con deterioro cognitivo inducido experimentalmente. Investigaciones en Nutrients confirmaron que los polifenoles de la granada atenúan la neurotoxicidad de una proteína tóxica que daña y destruye neuronas, reducen la neuroinflamación —la inflamación crónica del tejido cerebral— y frenan la acumulación anormal de la proteína tau, uno de los marcadores moleculares clave en el avance del Alzheimer.

En el plano clínico, un ensayo aleatorizado publicado en el Journal of Alzheimer’s Disease con pacientes con deterioro cognitivo leve demostró que el consumo de aceite de semilla de granada durante un año mejoró de forma estadísticamente significativa la cognición global, la memoria episódica verbal —la capacidad de recordar eventos e información expresada en palabras— y las funciones ejecutivas —como la planificación, la toma de decisiones y el control de la atención—. Estos resultados fueron consistentes con los de un ensayo controlado en Geriatrics, en el que la suplementación diaria con extracto de granada durante 12 semanas produjo mejoras en el razonamiento cognitivo y tendencias positivas en memoria de trabajo —la capacidad de retener y manipular información de forma activa en el corto plazo— en adultos de entre 55 y 70 años.

Shae Datta, neuróloga del NYU Langone Hospital–Long Island y codirectora del NYU Langone Concussion Center (NYLCC), añadió que ciertos flavonoides —compuestos vegetales con propiedades antioxidantes— presentes en frutos de pigmentación intensa tienen la capacidad de atravesar la barrera hematoencefálica —el filtro natural que protege al cerebro de sustancias externas—. Una vez dentro, esos compuestos reducen la inflamación localizada en el cerebro y contribuyen a la velocidad del procesamiento mental.

La academia médica no circunscribe la protección cerebral a un solo alimento. Etienne indicó que incorporar uvas oscuras, aguacate, cítricos y bayas frescas a la planificación semanal de comidas aporta un flujo constante de antocianinas, resveratrol y grasas esenciales que el sistema nervioso necesita para mantenerse en condiciones óptimas.

Existe, sin embargo, una advertencia práctica: la granada puede interactuar con anticoagulantes, por lo que en pacientes bajo ese tratamiento, los especialistas recomiendan recurrir a las alternativas pigmentadas antes mencionadas para obtener beneficios equivalentes.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/