Qué significa que las rodillas crujan y cuándo es motivo para consultar a un médico
Dos especialistas de Cleveland Clinic señalaron que este sonido puede esconder una dolencia que puede afectar la calidad de vida. Qué revela realmente, según una revisión publicada en British Journal of Sports Medicine
Por Santiago Abraldes
Un crujido en la rodilla puede inquietar, pero el sonido por sí solo no permite saber si hay una lesión ni confirmar una osteoartritis.
Una revisión de estudios ayuda a poner el fenómeno en perspectiva: los ruidos de rodilla son frecuentes, incluso en personas que no sienten dolor.
La nota de Cleveland Clinic, que reúne las explicaciones de Wesley Baker, médico de medicina deportiva de atención primaria, y Andrew Bang, quiropráctico, aporta un criterio para interpretar esos sonidos.
Ambos especialistas distinguen los ruidos aislados de los que aparecen junto con dolor o hinchazón. La revisión reunió 103 estudios con 36.439 participantes y 42.816 rodillas.
Los investigadores calcularon que el 41% de las rodillas de la población general presentaba crepitación, el nombre médico de los crujidos, chasquidos o roces que se oyen al mover una articulación. Entre las personas sin dolor de rodilla, la proporción fue del 36%.
El trabajo se publicó en British Journal of Sports Medicine, una revista especializada en medicina deportiva. Sus resultados permiten responder una duda habitual sin exagerar el alcance de los datos: una rodilla ruidosa no equivale, por sí sola, a una rodilla lesionada.
La crepitación puede sentirse o escucharse al doblar la articulación, levantarse de una silla, subir escaleras o ponerse en cuclillas. El estudio halló que era frecuente entre quienes no habían informado dolor. Ese dato impide tomar el ruido aislado como una prueba de daño.
A la vez, que el sonido sea común no significa que deba ignorarse cualquier cambio. La misma revisión encontró crepitación en el 81% de las personas con artrosis de rodilla.
También la registró en personas con lesiones de ligamentos o alteraciones del cartílago, el tejido que recubre los extremos de los huesos dentro de la articulación.
Los resultados muestran que el crujido puede estar presente en situaciones muy distintas. Algunas personas lo oyen sin tener molestias y otras lo presentan junto con una afección de la rodilla.
La diferencia no la establece el sonido aislado, sino el conjunto de síntomas y la evaluación de cada caso.
La revisión encontró una relación entre la crepitación y la artrosis visible en radiografías. Sin embargo, los investigadores advirtieron que la certeza de los datos era baja o muy baja, tanto para estimar cuán frecuentes son los ruidos como para medir su relación con cambios en la articulación.
Esa advertencia es importante porque una relación entre dos fenómenos no demuestra que uno cause el otro. El estudio no permite afirmar que el crujido provoque artrosis. Tampoco permite asegurar que una persona con una rodilla ruidosa tenga esa enfermedad.
Los trabajos incluidos analizaron grupos de personas y métodos diferentes. Esa diversidad limita la posibilidad de obtener una respuesta única para todas las personas. La revisión aporta un dato poblacional, no una herramienta de diagnóstico individual.


