¿Se puede optimizar la fertilidad? Qué dice la ciencia sobre hábitos, suplementos y mitos en redes

La edad y la calidad de los gametos son factores determinantes, pero el contexto metabólico y el estilo de vida también influyen en la salud reproductiva. Qué rol tienen la alimentación y los suplementos, y qué recomiendan los especialistas al buscar un embarazo

Dietas restrictivas, rutinas de entrenamiento extremo y suplementos que prometen “mejorar” los óvulos o la calidad de los espermatozoides se multiplican en redes sociales. Aunque los hábitos saludables pueden contribuir a la salud reproductiva, no revierten el efecto de la edad ni aseguran un embarazo. Según coincidieron especialistas consultados por Infobae, las fórmulas rápidas no reemplazan el cuidado de la salud general, la evaluación individual ni una consulta hecha a tiempo.

El desafío consiste en distinguir entre las medidas que ayudan a proteger la salud reproductiva y las promesas que exceden lo que hoy permite afirmar la ciencia. La edad, en particular, sigue siendo un factor central —sobre todo en las mujeres—, mientras que el tabaco, los extremos de peso, el sedentarismo, el sobreentrenamiento y el uso de hormonas sin indicación médica pueden perjudicar la fertilidad.

La edad, la reserva ovárica y la calidad de los gametos son factores decisivos para la fertilidad. El estilo de vida puede influir en el contexto metabólico, hormonal y reproductivo, pero tiene límites.

“Podemos hablar de optimizar la fertilidad, siempre entendiendo que aún no podemos modificar de manera ilimitada nuestro potencial reproductivo”, comenzó a explicar la médica ginecóloga y obstetra y especialista en medicina reproductiva Pamela Nicotra (MN 123.756). Para ella, ese concepto supone “potenciar el escenario biológico” de cada paciente, no prometer más óvulos o “rejuvenecer” el ovario.

Consultado sobre si se puede optimizar la fertilidad o es más exacto hablar de no dañarla, el especialista en medicina interna y medicina del estilo de vida Ignacio Gutierrez Magaldi (MP 32.214/ ME 15.051) consideró más rigurosa la segunda expresión. “No existe una estrategia universal que permita aumentar la fertilidad de una persona sana por encima de su potencial biológico”, afirmó. Sí pueden cuidarse las condiciones para que ese potencial se exprese: evitar el tabaco y las drogas, moderar el alcohol, sostener un peso saludable, hacer actividad física y controlar enfermedades crónicas.

En el mismo sentido, el médico especialista en Medicina Reproductiva y director de WeFIV Fernando Neuspiller (MN 82.815) señaló que una mujer con peso normal, alimentación adecuada, ejercicio moderado y edad reproductiva favorable no tiene una acción adicional comprobada que aumente su fertilidad. Los cambios pueden ser útiles, en cambio, cuando hay sobrepeso, bajo peso o exigencias físicas y alimentarias extremas.

“La fertilidad tiene una curva descendente desde los 32 años en adelante y a partir de los 37, 38 años la probabilidad reproductiva disminuye de forma marcada”, advirtió Neuspiller. La consulta de planificación reproductiva, remarcaron, puede aportar más que comenzar a tomar suplementos.

Los expertos descartaron la existencia de una dieta capaz de garantizar un embarazo. Nicotra señaló que el patrón con mayor respaldo se acerca al modelo mediterráneo, con frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos, pescado, aceite de oliva y proteínas de calidad, junto con menor consumo de ultraprocesados y azúcares agregados.

“No existe una ‘dieta de fertilidad’ capaz de garantizar un embarazo”, afirmó. Este tipo de alimentación se asocia con una mejor salud cardiometabólica y puede ofrecer señales favorables en algunos indicadores reproductivos, aunque no prueba por sí misma que aumente los nacidos vivos.

Es importante saber que tanto el bajo peso como la obesidad pueden afectar la función reproductiva. El exceso de tejido adiposo se vincula con resistencia a la insulina, inflamación y alteraciones hormonales; el déficit energético, frecuente en personas que restringen calorías mientras realizan ejercicio intenso, puede alterar la ovulación.

Neuspiller describió esa relación como una “U invertida”: el punto más favorable se encuentra en el medio, con peso adecuado, alimentación suficiente y actividad moderada. En ambos extremos, los resultados pueden ser peores.

La actividad física regular contribuye a mantener un peso saludable y a una mejor condición metabólica. Nicotra destacó, en especial, el trabajo de fuerza y la preservación de la masa muscular.

“El músculo es mucho más que un órgano de movimiento: es un verdadero órgano endocrino”, indicó la especialista. Según explicó, participa en la regulación del metabolismo, la inflamación y la sensibilidad a la insulina. Por eso propuso combinar ejercicios de fuerza con actividad aeróbica dentro de una estrategia adecuada para cada persona.

El entrenamiento intenso con una ingesta insuficiente puede tener el efecto contrario. Gutiérrez Magaldi señaló que en algunas mujeres, la baja disponibilidad energética provoca alteraciones menstruales y ausencia de ovulación.

“Si una chica hace muchísimo ejercicio y hace dietas muy hipocalóricas, eso genera muchísimo estrés y en vez de mejorarla la va a perjudicar”, sostuvo Neuspiller. Las recomendaciones, por lo tanto, dependen del punto de partida y no responden a un protocolo único.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/