Salud ocular en el espacio: qué investigan los científicos para realizar la primera cirugía de cataratas durante un viaje a Marte

Especialistas del Berkeley Eye Center de Houston probaron 135 lentes intraoculares en el exterior de la EEI con el fin de comprobar la resistencia de los insumos médicos a la radiación y el oxígeno atómico antes de futuras misiones de larga duración

Una misión hacia Marte puede prolongarse casi un año. En ese lapso, una catarata que reduzca la visión, una lesión o cualquier otro problema ocular que requiera una intervención podrían no admitir un regreso a la Tierra. Por eso, la cirujana oftalmóloga Morgan Micheletti sostiene que la cirugía ocular en el espacio será necesaria a medida que aumenten los viajes tripulados a la Luna, Marte y las estaciones espaciales.

La médica, integrante del Berkeley Eye Center, en Houston, Estados Unidos, presentó este domingo su investigación durante el 44.º Congreso de la Sociedad Europea de Cirujanos de Cataratas y Cirugía Refractiva (ESCRS). Su trabajo analiza una cuestión previa a cualquier operación fuera del planeta: cómo enviar, conservar y proteger las lentes intraoculares y el instrumental médico frente a las condiciones espaciales.

“Creo que alguien necesitará cirugía de cataratas en Marte durante mi vida”, afirmó Micheletti. “Un tránsito de Marte puede durar casi un año, y regresar a la Tierra por una catarata que limita la visión, una lesión u otro problema ocular quirúrgico puede no ser realista. En última instancia, el tratamiento deberá realizarse donde se encuentre el paciente”.

La afición de Micheletti por el espacio comenzó en su infancia, y su pronóstico parte de la expansión prevista de los vuelos tripulados. Los aspirantes a astronauta no necesitan contar con una visión perfecta sin corrección: pueden ser seleccionados si usan corrección refractiva o si se sometieron antes a determinadas cirugías refractivas.

Sin embargo, una buena visión al momento del lanzamiento no protege contra el envejecimiento, la radiación, las lesiones ni las enfermedades que pueden aparecer después. A medida que los vuelos dejen de estar reservados a astronautas profesionales, además, los viajeros conformarán una población más diversa.

“Estos sistemas deben diseñarse y validarse mucho antes de que el primer paciente los necesite”, señaló Micheletti. “No podemos esperar a que alguien esté en Marte para preguntar si la lente, el equipo y los suministros estériles sobrevivieron al viaje”.

Para estudiar ese desafío, el proyecto JAMES, sigla de Joint Assessment Of Material Exposure In Space, envió 135 lentes intraoculares (LIO) sin empaquetar al exterior de la Estación Espacial Internacional (EEI). Las lentes, fabricadas con distintos materiales, se colocaron en contenedores diseñados para la prueba.

Los dispositivos recibieron el nombre de CLAIRE, por Carrier for Lens Analysis in Interstellar Research Expeditions. Fueron instalados en tres puntos diferentes de la EEI, cada uno sometido a una exposición particular.

En la posición Ram, las lentes quedaron expuestas a elevadas concentraciones de oxígeno atómico. En Zenith recibieron una cantidad considerable de radiación ultravioleta del Sol. Y en Underdeck estuvieron parcialmente resguardadas tanto del oxígeno atómico directo como de la radiación solar ultravioleta, porque se montaron debajo de la plataforma de exposición.

La investigación no pretendía reproducir el envío convencional de una lente intraocular empaquetada a Marte. La meta era localizar fallos potenciales en un entorno extremo para diseñar métodos de embalaje, protección, almacenamiento y selección de materiales.

“El objetivo no era recrear el proceso habitual de envío de una lente intraocular empaquetada a Marte”, explicó Micheletti. Según la especialista, realizar las pruebas dentro de la Estación Espacial Internacional no habría respondido la misma pregunta, ya que el interior de la estación es un ambiente controlado y presurizado.

La intención, añadió, es reducir el embalaje al mínimo y determinar, si fuera posible, si estos productos pueden enviarse sin cabinas con temperatura controlada. La masa y el volumen, recordó, implican costes relevantes en las misiones espaciales.

Mientras las 135 lentes de vuelo permanecían en órbita, se preparó un grupo de control en la Tierra. Se retiraron 45 lentes intraoculares de sus empaques originales y se las ubicó en un contenedor similar al utilizado en el experimento espacial, denominado WILLIAM, sigla de Interfaz Mundial para la Logística de Lentes y el Monitoreo Astronómico Integrado.

Estas lentes permanecieron a temperatura ambiente y bajo presión atmosférica terrestre. Su función fue permitir una comparación con los materiales que atravesaron las condiciones del exterior de la EEI.

Después de cerca de seis meses en órbita, las 135 lentes espaciales volvieron a la Tierra. El análisis en curso abarcó 61 de esas lentes y 20 de las 45 que habían quedado como control terrestre, con un total de 81 lentes examinadas.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/