Qué tan dañinas son las tablas de cortar de plástico, según los oncólogos

Cada vez que un cuchillo roza la superficie, se liberan partículas que terminan en el plato y en el cuerpo, confirman estudios recientes y especialistas, que a su vez advierten que la evidencia de daño clínico concreto aún no es determinante

Los microplásticos están presentes en la sangre, los órganos y los tejidos humanos, y la cocina es uno de los principales vectores de ingesta cotidiana. En particular, cada vez que un cuchillo recorre una tabla de plástico, libera partículas invisibles al ojo humano que terminan en el plato. Ese proceso ya está confirmado por la ciencia; el debate, de acuerdo con expertos y estudios citados por la revista Parade, es cuánto daño producen.

La imagen es cotidiana: una tabla de plástico sobre la mesada, un cuchillo, cualquier alimento. Lo que no se ve es lo que ocurre en la superficie del material. Cada pasada de la hoja desprende fragmentos microscópicos que quedan adheridos a los alimentos. El Dr. James McCloskey, jefe de la División de Leucemia del Centro Oncológico John Theurer en el Centro Médico de la Universidad de Hackensack, precisó: “La abrasión mecánica repetida de la hoja raspa y desprende partículas diminutas de la superficie de la tabla, que luego se mezclan con los alimentos que estás preparando”.

Esa descripción tiene respaldo empírico. Un estudio publicado en 2023 en Environmental Science & Technology confirmó que el uso de tablas plásticas genera consumo de microplásticos —partículas de entre 1 micrómetro y 5 milímetros— de forma efectiva. Dos años después, una investigación presente en Environmental Health Perspectives fue más lejos: durante 12 semanas, ratones alimentados con comida preparada sobre tablas de plástico acumularon niveles más altos de microplásticos en sangre y colon que aquellos cuya comida se preparó sobre tablas de madera.

La cantidad de partículas liberadas no es uniforme: depende del tipo de plástico, la técnica de corte y la dureza del alimento. El Dr. McCloskey advierte que las consecuencias potenciales incluyen inflamación y alteración del microbioma intestinal, aunque aclaró que los efectos a largo plazo aún están bajo investigación.

El problema ya no es hipotético en términos de exposición. Una revisión publicada en 2025 en la revista Cureus encontró microplásticos en muestras de sangre, tejido placentario y tracto gastrointestinal humano. Que las partículas llegan al interior del cuerpo está probado; que eso genere un daño clínico concreto, todavía no.

El Dr. Chris DeArmitt, fundador y presidente del Consejo de Investigación del Plástico, en Estados Unidos, y autor de dos libros sobre el tema, revisó más de 1.500 estudios sobre microplásticos avalados por profesores y toxicólogos de todo el mundo, y concluyó: “Nunca ha existido ningún estudio que demuestre un efecto en la salud usando dosis reales. La exposición acumulada a lo largo de toda una vida es de 0,015 gramos en 70 años, y aun esa cantidad pasa a través del organismo sin quedarse”.

DeArmitt también señaló un desfasaje llamativo entre la percepción pública y la evidencia científica. Un estudio de 2022 publicado en Global Environmental Change comparó la cobertura mediática del tema con los datos de la investigación científica y determinó que el 93% de los artículos periodísticos afirmaban la existencia de una amenaza, mientras que la mayoría de los estudios científicos mostraba lo contrario.

Ni el Dr. McCloskey ni el Dr. Timothy Byun, hematólogo y oncólogo del Providence St. Joseph Hospital en el condado de Orange, California, establecen un vínculo directo entre los microplásticos y el desarrollo de cáncer. Sin embargo, la presencia de estas partículas en tumores y órganos mantiene a ambos especialistas en alerta.

“Estas partículas plásticas, presentes en distintos órganos e incluso en tumores cancerosos, pueden generar inflamación crónica, un factor de riesgo conocido para el cáncer. Además, estudios en células y animales indican que los microplásticos pueden causar daño al ADN y estrés oxidativo, procesos que favorecen el crecimiento tumoral”, explicó el Dr. McCloskey. A eso suma otro factor: los microplásticos pueden actuar como transportadores de toxinas ambientales, al introducir contaminantes adicionales en el organismo.

La postura de ambos oncólogos es de precaución razonada: no hay urgencia para deshacerse de las tablas de plástico, pero al momento de reemplazarlas, recomiendan optar por materiales alternativos como madera, bambú, metal o goma.

Más allá de la tabla de cortar, los especialistas identificaron otros puntos de contacto con plástico en la rutina culinaria que conviene revisar. El Dr. Byun y el Dr. McCloskey desaconsejan el uso de espátulas plásticas expuestas al calor —que pueden liberar partículas al derretirse— y calentar alimentos directamente en sus envases plásticos en el microondas.

El Dr. McCloskey amplió la lista de medidas: filtrar el agua corriente, preferiblemente con un sistema de ósmosis inversa; elegir té de hoja suelta en lugar de saquitos con filtros de plástico; privilegiar alimentos frescos y enteros por sobre ultraprocesados en envases plásticos; y moderar el consumo de mariscos como los moluscos, que acumulan microplásticos del ambiente marino.

El panorama general no cambia: el plástico está presente en prácticamente todos los ámbitos de la vida moderna y evitarlo por completo no es una opción realista. Hasta la fecha, la evidencia científica disponible no establece que esa exposición produzca daño comprobado en humanos, aunque la investigación sobre el tema continúa activa.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/