El diálogo solo no alcanza: los 10 hábitos que fortalecen a la pareja, renuevan el deseo y ayudan a evitar el desgaste hoy
En los vínculos existen pequeñas rupturas que desconectan y desgastan la relación. Los especialistas coinciden en que las separaciones no suceden de la noche a la mañana. Qué prácticas cotidianas recomiendan para ganarle a la rutina y renovar el encuentro
Las parejas suelen desgastarse mucho antes de que aparezca la palabra separación. En ese proceso, los integrantes pueden no advertir estar “en crisis”. Sin embargo, los hábitos diarios que sostienen el vínculo pueden marcar una diferencia frente a la rutina, los reclamos acumulados y la desconexión.
En la práctica, muchas separaciones no comienzan con un hecho extraordinario, como una infidelidad o una discusión decisiva. Aunque esas situaciones pueden precipitar una ruptura, con frecuencia el deterioro se construye de forma gradual, a partir de desencuentros cotidianos, intentos de acercamiento que no encuentran respuesta y malestares que se acumulan sin ser expresados.
Especialistas consultados por Infobae coincidieron en que una crisis de pareja rara vez surge de un día para el otro. El licenciado en Psicología y sexólogo, Mauricio Strugo (MN 41436), señaló que “toda pareja tiene una historia y que, aunque puede haber una pelea gatillo que precipite una separación, hace falta revisar la historia y el contexto previo a la crisis para entender esa explosión como un síntoma y no como un episodio aislado”.
A su turno, la licenciada en Psicología, Ana Hulka (MN 59.396), sostuvo algo similar al explicar que, en muchos casos, la ruptura “se trata de un proceso que decanta después de cierto desgaste”. Según detalló, las molestias cotidianas suelen ser apenas la superficie de conflictos más profundos: “Estas pequeñas molestias o discusiones cotidianas son el reflejo de desacuerdos mucho más profundos en donde alguno de los pactos con los que la pareja se armó entra en jaque”.
Para la coordinadora del equipo de Grupos, Familia y Pareja del Hospital Italiano de Buenos Aires aparece con frecuencia en terapia que el malestar no se agota en frases del tipo “me molesta que deje todo desordenado”, sino que remite a “desacuerdos mucho más profundos”. En ese marco, explica que muchas veces “algo de lo que motivó el armado de la pareja en términos de pactos inconscientes empieza a tambalear”.
En la vida diaria, esas tensiones suelen expresarse en escenas mínimas. Strugo advirtió que la manera en la que vivimos “genera microrupturas que pueden pasar inadvertidas si nos quedamos en el detalle del motivo de la discusión”. Por eso propuso trascender estas situaciones e intentar escuchar los ‘subtítulos’, es decir, “apuntar a lo que está más allá y verdaderamente duele o molesta”.
Hulka también identificó en la repetición un foco de desgaste. “Muchas veces lo que lleva a la desconexión es el hábito, las rutinas repetidas, el hacer las cosas siempre de la misma manera llegando una y otra vez a los mismos y predecibles resultados”, afirmó. Y agregó que “muchas parejas se aburren del hábito y buscan en la separación una salida de lo que se vuelve repetitivo”.
La especialista puso ejemplos concretos de esa monotonía: “Siempre vamos a los mismos lugares o siempre tenemos sexo de la misma manera”. A su criterio, “muchas veces lo que se vuelve habitual deja de sorprender, evita dar rienda a la imaginación, impide alimentar el deseo”.
Ambos especialistas destacaron el valor del intercambio cotidiano, incluso cuando resulta incómodo. Strugo afirmó que, aunque sea incómoda, “la comunicación es la herramienta más saludable pese a que implique discutir” y consideró “más preocupante cuando ya no vale la pena y todo da lo mismo”. A su entender, dialogar e intercambiar es importante para evitar que esas rupturas se transformen en grietas.
Hulka también definió al diálogo como un hábito relevante que cuando logra instalarse ayuda a la vinculación. Sin embargo, introdujo una advertencia: “Tener diálogo no significa entenderse, tampoco escucharse, menos aún evitar los malos entendidos”.
La psicóloga describió una escena habitual en terapia de pareja: “Uno dice algo y el otro entiende otra cosa”. Por eso, remarcó que “entre el emisor y el receptor está el mensaje lleno de ruidos que impide una comunicación efectiva”. En ese punto, insistió en que el diálogo es fundamental, aunque “no es una solución mágica”.
Frente a esas señales de desgaste, los especialistas señalaron que el cuidado de una pareja se construye en acciones repetidas y conversaciones que permitan registrar lo que cambia. No se trata de asegurar una relación sin conflictos, sino de sostener prácticas que eviten que la rutina, los malentendidos y los reclamos no expresados se conviertan en distancia.
Lejos de pensar la solidez de la pareja como fusión, Hulka propuso una idea distinta. “No deberíamos ser inmunes a separarnos de otro, porque justamente el otro es otro”, afirmó. Desde esa perspectiva, debería existir una distancia irreductible que permita reconocer la singularidad de cada integrante.
La psicóloga definió como saludable “una separación simbólica donde cada uno tenga la posibilidad de expresarse tal cual lo siente, de actuar tal cual lo desea”. A su entender, esa diferenciación “permite la individuación” y sostiene una elección renovada: que cada uno “pueda elegir estar ahí mientras así lo siente y lo desea”.
Ante el desgaste producido por los años, la crianza de los hijos o la rutina, Hulka sostuvo que “siempre es posible cambiar”. Según explicó, “siempre que la pareja lo desee y lo busque es posible revertir climas, generar nuevos encuentros, crear nuevas formas de compartir”.


