Qué cambios experimenta el intestino después de los 50 años y cómo cuidar la salud digestiva
Una científica especializada en nutrición explicó por qué el estreñimiento, la hinchazón y los gases pueden volverse más frecuentes con el paso del tiempo y la función que cumplen la alimentación, actividad física, los medicamentos y controles médicos
Después de los 50 años, algunos cambios en la digestión pueden hacerse más frecuentes: estreñimiento, hinchazón abdominal, gases o dificultades para absorber determinados nutrientes aparecen entre las molestias que pueden afectar a las personas mayores.
Sin embargo, atribuirlas directamente al paso del tiempo puede llevar a pasar por alto otros factores relacionados con los hábitos cotidianos, los medicamentos o determinadas afecciones.
La Dra. Emily Leeming, científica especializada en el microbioma intestinal y nutricionista, abordó estos cambios en un informe para The Telegraph. Señaló que la función digestiva conserva una notable capacidad de adaptación, aunque algunos cambios pueden aparecer con el paso de los años.
Según su análisis, moverse menos, mantener una alimentación poco variada, padecer enfermedades o utilizar ciertos tratamientos durante períodos prolongados pueden tener un papel importante.
Uno de los problemas más habituales después de los 50 es el estreñimiento, que también puede estar acompañado por distensión abdominal.
La frecuencia normal de las deposiciones varía entre las personas: puede oscilar entre tres veces al día y tres por semana. Por eso, Leeming recomendó prestar atención a lo que resulta habitual para cada individuo y consultar al médico ante modificaciones persistentes.
Los datos citados por The Telegraph muestran un aumento de los síntomas con la edad. A los 65 años, los manifiestan el 26% de las mujeres y el 16% de los hombres. A los 84, las cifras ascienden al 34% y 26%, respectivamente.
La menor actividad física puede influir porque el movimiento favorece el desplazamiento del contenido intestinal. Una alimentación deficiente, horarios irregulares para comer y algunos medicamentos también pueden dificultar el tránsito.
Entre las medidas propuestas por la especialista aparece el uso de un banquito para apoyar los pies al sentarse en el inodoro, con las rodillas elevadas. Esta posición puede modificar el ángulo de la zona final del intestino y facilitar la evacuación. También puede resultar útil realizar un masaje abdominal suave en sentido horario.
Caminar dentro de los 30 minutos posteriores a una comida es otra de las recomendaciones mencionadas por la experta. Además de favorecer la digestión, esa actividad puede ayudar a moderar los niveles de azúcar en sangre.
La alimentación ocupa un lugar central. Una dieta con suficiente fibra puede contribuir a retener agua en el intestino y facilitar el paso de las heces. Entre las opciones señaladas figuran dos kiwis diarios, entre ocho y diez ciruelas pasas o psyllium, siempre acompañado de abundante agua.
El microbioma intestinal está compuesto por billones de microorganismos que participan en distintos procesos relacionados con la salud.
Su diversidad puede disminuir en algunas personas mayores, aunque Leeming advirtió que parte de las investigaciones tradicionales se realizó con residentes de geriátricos, un grupo que puede presentar fragilidad, llevar una alimentación repetitiva y realizar poca actividad física.
Los microorganismos intestinales forman un ecosistema capaz de adaptarse y recuperarse después de determinadas alteraciones. Los antibióticos, por ejemplo, pueden dejar efectos detectables durante un período prolongado.
La especialista no plantea evitar estos tratamientos cuando son necesarios, ya que pueden resultar fundamentales para combatir infecciones, sino utilizarlos de acuerdo con las indicaciones médicas.


