Pantallas, cortisol y glucosa: cuáles son los hábitos que pueden mejorar el sueño, la concentración y la energía

Un neurocientífico analizó en el podcast The Diary of a CEO el impacto de la exposición nocturna a dispositivos, el movimiento después de las comidas y la importancia de la luz natural, junto con recomendaciones sobre actividad física y suplementación

Las pantallas encendidas durante la noche, los picos de glucosa después de comer y la popularidad de los suplementos formaron parte de una entrevista de Andrew Huberman con Steven Bartlett.

El neurocientífico presentó una serie de hábitos que, según sostuvo, pueden influir en el sueño, el metabolismo, la concentración y la respuesta del organismo al estrés.

Huberman habló sobre la exposición a la luz, el ejercicio, la alimentación y el descanso. También planteó una advertencia sobre los adolescentes y el uso nocturno de dispositivos: “Tenemos una generación de chicos que están metabólicamente enfermos”, afirmó durante el podcast The Diary of a CEO.

Huberman afirmó que la exposición a luces artificiales y dispositivos durante la noche puede alterar los ritmos biológicos. “Queremos días luminosos y noches oscuras”, resumió al describir la relación entre la luz diurna, el sueño y la salud.

Explicó que la luz brillante al comienzo del día puede colaborar con el aumento natural del cortisol, una hormona que vinculó con el estado de alerta y la capacidad de respuesta. Por la noche, en cambio, recomendó reducir la intensidad de las luces para favorecer el descanso.

“El riesgo de morir prematuramente si se tienen noches brillantes aumenta considerablemente”, afirmó al referirse a estudios observacionales que mencionó en la entrevista.

También sostuvo que las pantallas no tienen suficiente intensidad para generar el efecto que atribuye a la luz natural por la mañana, aunque sí pueden elevar el cortisol en horarios nocturnos.

El investigador centró parte de sus comentarios en los adolescentes. “No se puede protegerlos de los efectos negativos de la luz de las pantallas por la noche”, señaló. Según su planteo, los jóvenes pueden experimentar un aumento del cortisol nocturno que afecta el impulso natural de esa hormona al día siguiente.

Entre las sugerencias, propuso bajar el brillo de los teléfonos y activar el modo de pantalla roja. “Seamos razonables: los últimos 30 minutos antes de dormir, sin pantallas”, comentó.

Durante la entrevista, Huberman buscó matizar la identificación del cortisol como la “hormona del estrés”. “El cortisol es una hormona que promueve la energía”, afirmó.

Según explicó, esa sustancia participa en la movilización de recursos del organismo ante actividades físicas, desafíos cognitivos y situaciones de tensión.

Sostuvo que un aumento del cortisol en las primeras horas del día puede asociarse con mayor atención, concentración y capacidad de aprendizaje. Para ese momento recomendó tres prácticas: beber agua, recibir luz natural y hacer actividad física.

“El cortisol alto en la primera parte del día proporciona un estado de ánimo elevado, foco, atención y capacidad de aprender”, expresó Huberman. También indicó que ese patrón contribuiría a mantener valores más bajos hacia la tarde y la noche, una condición que relacionó con una mejor predisposición para dormir.

Huberman diferenció las exigencias físicas breves de la preocupación prolongada. Puso como ejemplo los entrenamientos de fuerza o las sesiones de carrera, que pueden elevar el cortisol.

“Trabajar con pesas durante 45 minutos, con las series cerca del fallo, puede triplicar o cuadruplicar los niveles de cortisol”, detalló.

Fuente: https://www.infobae.com/salud/ciencia/