Científicos argentinos diseñan soluciones digitales para medir el impacto ambiental de los cultivos industriales
Investigadores del CONICET y especialistas europeos desarrollaron una plataforma que permitirá a productores comparar escenarios y adoptar estrategias más sostenibles en la gestión agrícola
Por Víctor Ingrassia
La búsqueda de alternativas sostenibles a los recursos de origen fósil ocupa hoy un lugar central en la agenda científica y política mundial. En este contexto, un consorcio internacional con participación clave de investigadores del CONICET en Argentina avanza en un proyecto que busca transformar la producción agrícola destinada a las industrias de base biológica, con el propósito de impulsar una nueva alianza científica para el desarrollo de una bioeconomía sustentable entre América Latina y Europa.
El objetivo es ambicioso: medir de manera precisa el impacto ambiental de cultivos que no se usan como alimento directo, sino como insumo renovable para la fabricación de materiales y productos industriales.
El proyecto, denominado SUSTAINCrop, fue lanzado con financiamiento de la Unión Europea dentro del programa Horizon Europe. El desafío central consiste en crear una herramienta digital capaz de evaluar la huella ambiental de cultivos industriales tanto en América Latina como en Europa, con el fin de facilitar decisiones informadas para agricultores, empresas y autoridades.
Según detalló la UE, el proyecto “proporcionará un marco armonizado, con base científica y validado por las partes interesadas para evaluar los criterios de sostenibilidad de los cultivos primarios, alineado con el enfoque de Diseño Seguro y Sostenible (SSbD) y la Taxonomía de la UE”.
El Instituto Tecnológico de Chascomús (INTECh, CONICET-UNSAM) fue seleccionado como sede de la coordinación del grupo latinoamericano. La iniciativa integra también a la Universidad de San Pablo de Guatemala y a la Universidad Autónoma de Bucaramanga en Colombia, mientras que en Europa participan organismos y empresas de Dinamarca, Grecia, Alemania, Bélgica, España y la consultora húngara INNOMINE, que lidera el consorcio global.
El desarrollo de una bioeconomía fuerte y sostenible depende de la capacidad para producir biomateriales a partir de cultivos que puedan reemplazar fuentes fósiles. Sin embargo, existe una brecha de conocimiento sobre el verdadero impacto ambiental de estos cultivos industriales.
“Si bien cultivos como la colza, la remolacha azucarera, el cáñamo y el lino son cada vez más importantes para el suministro de carbono biogénico sostenible a las industrias química, de plásticos y de fibras, su desempeño ambiental sigue estando poco caracterizado y fragmentado entre regiones”, advierten los expertos del proyecto.
El programa busca diseñar y validar una herramienta digital, denominada “TOOL KIT” (“KIT DE HERRAMIENTAS”) que permitirá a los usuarios evaluar la huella ambiental de los cultivos seleccionados en condiciones reales de producción, utilizando datos históricos y georreferenciados de diferentes ecosistemas. El panel interactivo y la base de datos resultantes servirán para comparar escenarios, explorar opciones sostenibles y orientar tanto a productores como a decisores públicos y privados.
Desde el INTECh, el investigador Oscar Ruiz asumió la coordinación de la pata Latinoamericana, con la meta de crear una red de cooperación multiinstitucional a nivel nacional y regional. “Actividades similares desarrollarán nuestros colegas de las universidades de Bucaramanga y de Guatemala, en representación de la región ecuatorial americana y de Centroamérica, respectivamente”, puntualizó Ruiz.
En su etapa inicial, SUSTAINCrop analizará el impacto ambiental de cultivos industriales primarios ya utilizados en Europa, como la colza, la remolacha azucarera o el cáñamo. Por Latinoamerica, el foco estará en especies como maíz, canola, caña de azúcar, soja, algodón y girasol. Estos cultivos, aunque no se destinan al consumo humano directo, cumplen un papel clave como materia prima renovable para la producción de bioplásticos, fibras y compuestos químicos.
La herramienta digital se construirá a partir de datos sobre rendimientos, distribución geográfica, tipos de suelo, clima, sistemas de cultivo y prácticas agronómicas.
El objetivo es que, al culminar el proyecto en 36 meses, los actores interesados cuenten con una base de datos georreferenciada, un panel interactivo para comparar escenarios y materiales de orientación y capacitación adecuados al contexto regional.
Uno de los aspectos centrales reside en la creación y validación de comunidades de intercambio de conocimiento (KEC) tanto en Europa como en América Latina. Estas comunidades, integradas por científicos, productores, empresarios y autoridades, serán responsables de validar los modelos digitales y la base de datos georreferenciada, promoviendo la colaboración entre regiones con realidades productivas y ambientales diversas.
El marco de modelado digital desarrollado permitirá evaluar los impactos ambientales de los cultivos en diferentes contextos y bajo distintas prácticas de manejo, ofreciendo información relevante para construir políticas públicas alineadas con los objetivos del Plan de Acción para la Contaminación Cero de la Unión Europea. “El proyecto proporcionará un marco armonizado, con base científica y validado por las partes interesadas para evaluar los criterios de sostenibilidad de los cultivos primarios”, asegura la presentación oficial.


