La menopausia prematura eleva el riesgo de hipertensión, alerta un estudio
Un análisis del UK Biobank con casi 15 años de seguimiento confirma que esta condición aumenta en más de un 12% las probabilidades de desarrollar presión arterial alta
Durante décadas, la edad a la que una mujer atraviesa la menopausia fue tratada como un dato reproductivo sin mayores consecuencias para la salud cardiovascular. Esa visión acaba de recibir un nuevo cuestionamiento: un análisis realizado sobre más de 107.000 mujeres posmenopáusicas del Reino Unido, con casi 15 años de seguimiento, demuestra que quienes perdieron la función ovárica antes de los 40 años tienen un 12,3% más de riesgo de desarrollar hipertensión. El peligro no se distribuye de forma pareja: se concentra con mayor intensidad en las mujeres cuya transición hormonal ocurrió entre los 25 y los 35 años.
La relación entre el cese hormonal y las enfermedades cardiovasculares era conocida de forma parcial. Estudios previos habían vinculado la menopausia temprana con mayores tasas de enfermedad coronaria y accidente cerebrovascular, aunque la pregunta sobre si existe una asociación directa e independiente entre la edad a la que ocurre la menopausia y el desarrollo de hipertensión arterial —la presión alta sostenida en el tiempo— no había sido respondida con suficiente evidencia hasta ahora.
Un estudio publicado en la revista Menopause, la publicación científica de The Menopause Society, aborda específicamente esa brecha y concluye que la menopausia prematura constituye un factor de riesgo cardiovascular que debería integrarse de forma sistemática en la evaluación clínica de las mujeres.
El trabajo analizó registros del UK Biobank, base de datos biomédica del Reino Unido, una base de datos poblacional que reúne información de salud, hábitos de vida y datos de laboratorio de más de 500.000 voluntarios en ese país. La muestra incluyó 107.836 mujeres posmenopáusicas, integrantes de una cohorte, es decir, una población seguida durante años bajo los mismos protocolos de registro, con una edad media de 59,5 años.
De ese total, 18.508 recibieron un diagnóstico de hipertensión arterial a lo largo del período de seguimiento, lo que representa el 17,2% de la muestra. La incidencia aumentó de forma progresiva a medida que la menopausia había llegado antes: 16,6% en mujeres con menopausia en edad normal, 18,8% en quienes la experimentaron entre los 40 y los 45 años, y 22,6% en las que la tuvieron antes de los 40 años.
Detrás de esa asociación operan mecanismos biológicos complejos. Los estrógenos, hormonas sexuales femeninas cuyos niveles caen de forma brusca durante la menopausia, ejercen un efecto protector sobre el sistema cardiovascular a través de distintas vías. Una de ellas pasa por el factor neurotrófico derivado del cerebro, una proteína cuya función es modular la respuesta de los tejidos a los estímulos estrogénicos.
Según se detalla en el estudio, el estrógeno y esa proteína trabajan de manera coordinada para prevenir el aumento de peso y regular la presión arterial; cuando se elimina ese equilibrio hormonal, el organismo queda expuesto al desarrollo de obesidad e hipertensión en la etapa posmenopáusica.
Otra vía señalada en el trabajo es la sensibilidad a la sal, la tendencia del organismo a retener sodio y, como respuesta, elevar la presión arterial. Antes de la menopausia, el estrógeno contribuye a moderar esa sensibilidad; una vez que desaparece, el cuerpo queda más expuesto a sus efectos.
A eso se suman los cambios en el estilo de vida asociados a la transición menopáusica —el sedentarismo, la ganancia de peso, las modificaciones en la distribución de la grasa corporal—, que pueden potenciar el efecto hormonal directo.
El modelo multivariado, un análisis estadístico que permite aislar el efecto de una variable al controlar simultáneamente más de 50 factores —entre ellos el índice de masa corporal, el consumo de tabaco y alcohol, la actividad física, los antecedentes familiares y los valores de colesterol y glucosa en sangre—, mostró que las mujeres con menopausia prematura tenían un 12,3% más de riesgo de desarrollar hipertensión que aquellas cuya menopausia ocurrió después de los 45 años.
El hecho de que esa asociación se mantuviera tras un ajuste por más de 50 factores indica que el vínculo no se explica únicamente por los factores de riesgo habituales, sino que responde a un efecto propio del cese hormonal temprano.
Uno de los hallazgos más relevantes del trabajo surge del análisis de la edad de menopausia como variable continua, sin agruparla en categorías fijas.
Al trazar una curva de riesgo mediante una técnica estadística llamada regresión por splines, que permite identificar relaciones no lineales entre variables, los investigadores observaron que el pico de riesgo para el desarrollo de hipertensión no se distribuye de manera uniforme entre todas las mujeres con menopausia antes de los 40 años, sino que se concentra en quienes esa transición ocurrió entre los 25 y los 35 años.
Según se detalla en el estudio, ese hallazgo abre la puerta a redefinir el concepto de menopausia prematura en el contexto de la enfermedad cardiovascular, acotando el umbral a menos de 35 años.
En cuanto a la menopausia quirúrgica, correspondiente a la extirpación bilateral de los ovarios, los análisis iniciales mostraron una mayor incidencia de hipertensión en ese grupo. Al incorporar al modelo los llamados factores de confusión —aquellos que podrían explicar la asociación por otras razones—, la relación perdió significancia estadística, lo que indica que no existe un vínculo directo e independiente entre ese tipo de menopausia y la presión alta. El trabajo advierte que el posible efecto de la menopausia quirúrgica podría manifestarse con un retraso de varios años, lo que explicaría su ausencia en el período analizado.


