{"id":935,"date":"2026-08-08T11:45:00","date_gmt":"2026-08-08T11:45:00","guid":{"rendered":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/2026\/08\/08\/la-dignidad-no-envejece-edadismo-sanitario\/"},"modified":"2026-08-08T11:45:00","modified_gmt":"2026-08-08T11:45:00","slug":"la-dignidad-no-envejece-edadismo-sanitario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/2026\/08\/08\/la-dignidad-no-envejece-edadismo-sanitario\/","title":{"rendered":"La dignidad no envejece: edadismo sanitario"},"content":{"rendered":"<h2>La dignidad no envejece: edadismo sanitario<\/h2>\n<p><strong>Esta problem\u00e1tica se manifiesta cuando un s\u00edntoma se minimiza porque \u201ces propio de la edad\u201d; cuando se conversa con familiares y no con el paciente; cuando se posterga una intervenci\u00f3n porque \u201cya vivi\u00f3 bastante\u201d; o cuando la vejez se interpreta desde el gasto antes que desde los derechos<\/strong><\/p>\n<p>En una \u00e9poca que idolatra juventud, productividad y autonom\u00eda, la vejez se ha convertido en una prueba moral. No porque envejecer sea un problema, sino porque revela qu\u00e9 entendemos por dignidad humana. Una comunidad que s\u00f3lo valora la vida mientras produce y permanece funcional no cree en la dignidad sino en la utilidad. En salud, cuando esa l\u00f3gica penetra en hospitales, obras sociales o presupuestos sanitarios, se convierte en discriminaci\u00f3n concreta.<\/p>\n<p>Esta discriminaci\u00f3n por edad se denomina edadismo, concepto desarrollado por Robert Butler a fines de los `60. En salud puede expresarse en demoras diagn\u00f3sticas, dolor subestimado, menor acceso a tratamientos, infantilizaci\u00f3n, silenciamiento del paciente o distribuci\u00f3n desigual de recursos.<\/p>\n<p>El edadismo sanitario rara vez declara que una vida vale menos, pero act\u00faa como si as\u00ed fuera. Aparece cuando un s\u00edntoma se minimiza porque \u201ces propio de la edad\u201d; cuando se conversa con familiares y no con el paciente; cuando se posterga una intervenci\u00f3n porque \u201cya vivi\u00f3 bastante\u201d; o cuando la vejez se interpreta desde el gasto antes que desde los derechos.<\/p>\n<p>La bio\u00e9tica naci\u00f3 para limitar el poder m\u00e9dico, cient\u00edfico, tecnol\u00f3gico e institucional e impedir que la persona sea reducida a medio, objeto, costo o expediente. Sus principios expresan una premisa decisiva: la dignidad no depende del rendimiento, la edad ni la eficiencia. Sin embargo, muchas pr\u00e1cticas sanitarias a\u00fan privilegian al individuo joven, l\u00facido, productivo y autosuficiente, cuando la vida humana tambi\u00e9n es dependencia, deterioro, memoria, vulnerabilidad y cuidado.<\/p>\n<p>Este edadismo no suele ser deliberado ni atribuible a una instituci\u00f3n particular. Opera mediante sesgos, rutinas y restricciones que atraviesan los sectores p\u00fablico y privado.<\/p>\n<p>Desde los derechos humanos, la cuesti\u00f3n es exigible. La Convenci\u00f3n Interamericana sobre la Protecci\u00f3n de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, con jerarqu\u00eda constitucional, proh\u00edbe la discriminaci\u00f3n por edad y reconoce la salud, el consentimiento informado y los cuidados paliativos. As\u00ed, la edad modifica necesidades, no dignidad.<\/p>\n<p>El edadismo sanitario vulnera este principio cuando convierte la edad en criterio encubierto de menor urgencia, escucha o inversi\u00f3n. La justicia sanitaria exige priorizar seg\u00fan criterios cl\u00ednicos, proporcionalidad, pron\u00f3stico, beneficio esperado y voluntad del paciente; no seg\u00fan prejuicios sobre cu\u00e1nto \u201cmerece\u201d vivir alguien. Una cosa es reconocer la finitud y evitar tratamientos f\u00fatiles o desproporcionados. Otra es encubrir una cultura de abandono.<\/p>\n<p>Existen dos excesos. Por un lado, el abandono edadista: no tratar, explicar, rehabilitar ni acompa\u00f1ar porque el paciente es viejo. Por otro, el encarnizamiento terap\u00e9utico: prolongar funciones biol\u00f3gicas sin atender al sufrimiento, la proporcionalidad o la voluntad.<\/p>\n<p>Desde la \u00c9tica del L\u00edmite, marco que desarrollo para analizar problemas y dilemas contempor\u00e1neos, la respuesta no consiste en elegir entre abandono y obstinaci\u00f3n, sino en recuperar el l\u00edmite como principio de responsabilidad. El l\u00edmite no niega la vida ni el progreso. Impide que el poder m\u00e9dico, t\u00e9cnico, econ\u00f3mico o institucional invada aquello que debe custodiar. En la vejez exige contener tanto la soberbia de prolongarlo todo como la indiferencia que abandona lo poco rentable.<\/p>\n<p>Cuidar no es simplemente curar. La medicina, fascinada por la intervenci\u00f3n y la eficiencia, puede olvidar que parte de su tarea consiste en acompa\u00f1ar, aliviar, escuchar, explicar y sostener. La cura puede no ser posible, pero el cuidado siempre sigue siendo exigible.<\/p>\n<p>Esto requiere profundizar pol\u00edticas: formaci\u00f3n sanitaria en envejecimiento, derechos humanos, comunicaci\u00f3n cl\u00ednica, advertir y reparar sesgos edadistas. Muchos profesionales no discriminan deliberadamente, pero pueden reproducir criterios culturales y rutinas institucionales que asocian vejez con incapacidad, pasividad o menor expectativa de beneficio. Tambi\u00e9n debe fortalecerse el consentimiento informado. Informar no es entregar un formulario, sino generar comprensi\u00f3n. La autonom\u00eda no desaparece con la edad y las limitaciones cognitivas deben evaluarse, no presumirse.<\/p>\n<p>La persona mayor tiene derecho a saber, preguntar, rechazar, aceptar y participar en las decisiones sobre su cuerpo. Hablar por encima de ella o sustituir su voz sin necesidad constituye violencia simb\u00f3lica y cl\u00ednica.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n se necesitan indicadores de trato digno como manejo del dolor, escucha, informaci\u00f3n, decisiones compartidas, continuidad del cuidado, rehabilitaci\u00f3n y prevenci\u00f3n de la soledad institucional.<\/p>\n<p>La pandemia mostr\u00f3 qu\u00e9 sucede cuando la edad opera como criterio de descarte. En los debates sobre camas y respiradores aparecieron razonamientos asociados con los QALY, a\u00f1os de vida ajustados por calidad, una herramienta \u00fatil para evaluar pol\u00edticas sanitarias, pero riesgosa cuando se traslada mec\u00e1nicamente al triage cl\u00ednico y distribuci\u00f3n de recursos. Quien posee menor expectativa de vida o enfermedades cr\u00f3nicas puede aparecer como una inversi\u00f3n menos \u201ceficiente\u201d.<\/p>\n<p>El problema no consiste en medir resultados, sino en permitir que una herramienta poblacional transforme los a\u00f1os vividos, la discapacidad o la fragilidad en una desventaja moral. Para evitar arbitrariedades, en 2020 elabor\u00e9, junto con otros referentes, el Marco Bio\u00e9tico de las Religiones Monote\u00edstas en ocasi\u00f3n del COVID-19, destinado al triage y la asignaci\u00f3n de recursos vitales. La Legislatura porte\u00f1a declar\u00f3 su benepl\u00e1cito y el documento sirvi\u00f3 como referencia sanitaria. All\u00ed sostuvimos que las decisiones l\u00edmite deb\u00edan apoyarse en principios \u00e9ticos consolidados, preservar la igualdad de las vidas y evitar discriminaciones por edad, discapacidad, azar o utilidad social. La eficiencia pierde legitimidad cuando convierte la gesti\u00f3n en jerarqu\u00eda moral.<\/p>\n<p><small>Fuente: <a href=\"https:\/\/www.infobae.com\/salud\/ciencia\/\" target=\"_blank\">https:\/\/www.infobae.com\/salud\/ciencia\/<\/a><\/small><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Esta problem\u00e1tica se manifiesta cuando un s\u00edntoma se minimiza porque \u201ces propio de la edad\u201d; cuando se conversa con familiares y no con el paciente; cuando se posterga una intervenci\u00f3n porque \u201cya vivi\u00f3 bastante\u201d; o cuando la vejez se interpreta desde el gasto antes que desde los derechos<\/p>\n","protected":false},"author":0,"featured_media":936,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[12],"tags":[],"class_list":["post-935","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-investigacion"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/935","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=935"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/935\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/936"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=935"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=935"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/observar.org.ar\/web\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=935"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}